Preludio Luna Demente

Preludio a una luna demente

La lluvia caía sin cesar sobre Santander. Una ciudad gris, demasiado bonita para los turistas que venían a visitarla. Una ciudad donde es imposible aparcar en verano y donde es imposible aparcar si llueve. Él aparcó la moto en la acera, cerca de un supermercado que cerró tiempo atrás. Observó su pequeña reliquia, de chasis azul y relieves plateados antes de recoger la bolsa de deportes repleta de recuerdos. El portal donde vivía ella no estaba muy lejos, por lo que caminó con tranquilidad, esquivando el tumulto de paraguas y gente corriendo a resguardarse de la lluvia.

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