El Naufragio https://naufragio.net Vasto océano imaginativo Fri, 10 Aug 2018 12:00:00 +0000 es-ES hourly 1 https://wordpress.org/?v=4.9.8 https://i2.wp.com/naufragio.net/wp-content/uploads/2018/06/cropped-IconoNaufragioCuadrado.png?fit=32%2C32&ssl=1 El Naufragio https://naufragio.net 32 32 126150024 El examen final https://naufragio.net/el-examen-final/ https://naufragio.net/el-examen-final/#respond Fri, 10 Aug 2018 12:00:00 +0000 https://naufragio.net/?p=3404 Terrana, 28 de abril de 2078. 17:21 de la tarde. Un accidente espacial ocurrió en una de las pequeñas callejuelas de la ciudad, y el responsable fue un ex convicto de uno 40-50 años de edad que conducía su aeronave bajo las influencias del bio-alcohol y la meta-cocaína. El parte de la neopolicia explicaba los […]

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Terrana, 28 de abril de 2078. 17:21 de la tarde.

Un accidente espacial ocurrió en una de las pequeñas callejuelas de la ciudad, y el responsable fue un ex convicto de uno 40-50 años de edad que conducía su aeronave bajo las influencias del bio-alcohol y la meta-cocaína. El parte de la neopolicia explicaba los hechos y víctimas, 21 muertos y 13 heridos por explosión. Entre ellos la madre de Nor, un joven de unos 19 años de edad, estudiante de la Academia Militar Korng.

Norbert Nightmare, de 1,90m de altura, ojos verdes, pelo liso moreno y cuerpo robusto, quería ser miembro del ejército que defendía su planeta. Al enterarse de aquel percance y escuchar que su madre estaba herida grave, fue corriendo al Hospital Kleptor para ver qué le había pasado. Asustado corrió sin pararse ni un instante, y al llegar a la habitación, vio a su madre en la cama tirada sin un brazo y con media pierna. Llorando se acercó a ella, vio que estaba en coma y que no respondía.

El doctor le dijo que estaba muy grave y que costaría que siguiese viva: había que implantarle un brazo y una pierna de adamantio para que pudiese caminar. Nor aceptó las condiciones que le comentaron, pero coste de operación sería muy difícil de pagar. Nor convencido decidió aceptar y empezó a pensar de donde iba a sacar el dinero mientras regresaba a su casa, enfadado y triste; pensó millones de ideas pero ninguna era de utilidad.

Una propuesta indecente

En el antro que estaba debajo de su casa, se encontró con un extranjero que se la acercó al ver que tenía el traje de soldado militar. La cosa degeneró tanto, que le comentó si le gustaría hacer algún trabajillo.

Extranjero: Vaya, vaya, una perrita militar. Veo que necesitas dinero y no sabes de dónde sacarlo, ¿eh? Puedo ofrecerte algo si estás dispuesto a aceptarlo.

Nor: ¿Quién eres tú y como sabes que ha pasado? ¿Qué tipo de trabajo dices, cuanto me pagaras?

Extranjero: Lo primero: cómo lo sé no te importa y lo segundo, te pagaré según cómo hagas tu trabajo. No te quedan más opciones si quieres salvar a esa vieja de la muerte, jeje.

Nor: Dime qué tengo que hacer.

Extranjero: Muy bien, así que aceptas. Tienes que ir al centro de Terrana y buscar a un viejo de pelo blanco que regenta una tienda de armas. Habla con él; dile que vas de parte de Ziwels, y te dará las indicacionse. Cuando termines, llámame con este Y-Comm. Ah, y si decides traicionarme, te mataré a ti y a tu vieja.

Nor: Vale, acepto el encargo.

Nor después de hablar con Ziwels, aquel tipo extraño, fue hacia el centro de la ciudad. Al llegar vio una pequeña tienda de armas antiguas en una esquina, con un dependiente según las características anteriormente nombradas. Al entrar el anciano señor le preguntó.

Anciano: ¿Quién eres? ¿Te manda Ziwels?

Nor: Soy Nor Nightmare. Sí, me ha dicho que tú puedes darme trabajo y me ha mandado aquí. Dime qué puedo hacer.

Anciano: Bien, ya veo, necesito que me quites del medio a alguien. Toma esta pistola, espero que sepas dispararla.

Nor: Claro que sé, soy un soldado de los militares.

Anciano: Que seas una perrita del gobierno no quiere decir que sepas disparar. Ahora mismo los militares y la neopolicía no son nada más que cucarachas con trajes que creen tener poder. Ven conmigo.

Nor siguió al anciano, pero curioso decidió preguntar su nombre.

Nor: ¿Y cómo se llama usted?

Anciano: Nadie me conoce por mi nombre real pero puedes llamarme Skorn.

Nor sorprendido recordó aquel nombre “Skorn”: un antiguo capitán general de la antigua milicia.

Nor: E-enserio, ¿eres Skorn Rednail?

Skorn: Así que en los “militares” estudiáis la milicia, ¿eh? Sí, chaval, soy el mismo. El que consiguió invadir Neptuno hace 30 años.

Skorn abrió una puerta de un sótano donde había todo tipo de armas, munición, armaduras, etc. Nor, sorprendido, no podría creer dónde estaba, pero Skorn le dio una orden.

Skorn: A ver, soldadito, coge ese bláster y dale en la cabeza a aquel maniquí.

Nor cargo el bláster de nueve mil pulsaciones, apuntó y falló por los nervios que sentía. Skorn comenzó a reírse de él y acto seguido cogió un fusil de plasma RX-3, disparando a todos los maniquís que se encontraban en el lugar. Gastó todo el cargador, pero los blancos se habían convertido en coladores.

Skorn: ¿Ves, chaval? Esto se llama disparar, tener puntería. Tú no tienes nada ¡vuelve a intentarlo!

Nor: S-sí, señor.

Nor controló los nervios, cogió aire y comenzó a disparar. Al terminar el cargador, observó el maniquí y se fijó en que ya no tenía cabeza. Skorn, alegre, felicitó a Nor y le explicó la misión.

Skorn: Necesito que mates a Vallderktar, un mafioso alienígena que sólo se dedica a secuestrar mujeres, niñas y niños para venderlos en el extranjero, enriqueciéndose. Se encuentra ahora mismo en el muelle de carga de Heirkval, a 200 kilómetros al sur de aquí. Toma estas llaves, son de una aeromoto, te vendrá bien.

Nor: Gracias capitán cumpliré con sus órdenes.

La caída de Vallderktar

Nor corrió hacia la aeromoto y se dirigió hacia el muelle. Al llegar vio un montón de cajas, jaulas, baúles y demás cosas en el suelo, y a una quincena de matones por los alrededores del gigantesco navío. Una nave de unos 30 metros de largo con estampados dorados, una gran hélice en la parte trasera, de color negro mate y con rayas rojas, y una calavera neptuniana en el centro.

Cargó su arma y se dirigió con sigilo hacia la entrada. Tras esconderse detrás de una caja, pudo ver tres matones musculosos cargando pesadas cajas e ideó un plan. Lo primero que pensó es abrir fuego pero el gran número de esbirros suponía una desventaja; después recordó los cuatros ganchos del muelle de 12 metros de altura y 50 toneladas de peso.

Decidido, disparó hacia uno de los ganchos, que cayó al quemarse la cuerda sobre 5 de los matones; el resto, sorprendidos, comenzaron a buscar el culpable. En ese momento fue cuando Nor comenzó a moverse para intentar entrar.

Con sigilo y agilidad consiguió colarse por los conductos de ventilación y caer a 3 puertas del camarote de Vallderktar. Inspeccionó el lugar utilizando sus técnicas militares. Se encontró con un hacha láser, pistolas de bobina, munición de plasma, tóxica, y algo demasiado macabro. Bebés, niños y mujeres en estado avanzado de descomposición, con claras marcas de haber sido devorados. Esta visión tan desagradable y el olor indescriptible le provocaron un desmayo. Al volver en sí, se incorporó, recargó su pistola con munición tóxica y empuñó el hacha láser, dirigiéndose hacia el camarote.

Al salir vio a cuatro matones que se fijaron en él con cara de no gustarle mucho. Intentaron abalanzarse sobre él, pero se tropezaron entre sí y le dieron una oportunidad a Nor para atacar. Tras dispararles a bocajarro, el primero que recibió un balazo empezó a jurar en otro idioma.

Matón: ¡GURLAG NAR CARTEJAR KAGKAAA!

Nor: ¡Vais a morir todos!

Nor, eufórico y emocionado, comenzó a disparar por todas partes y a hacer agujeros en las paredes de la nave. Al quedarse sin munición, desenfundó su hacha y empezó a descuartizar a sus rivales.

Vallderktar, al escuchar el ruido, salió del camarote con una pierna de mujer en la mano: era un ogro alienígena de unos 4 metros, gordo, repugnante y maloliente. Sorprendido por la matanza llamó a más esbirros. Nor, cubierto de sangre, vio que venían y se abalanzó sobre ellos, golpeándoles repetidas veces con el hacha. Al terminar con todos, le dijo a Vallderktar:

Nor: ¡TÚ, ASESINO! ¡RAPTAS MUJERES, NIÑOS Y NIÑAS PARA COMÉRTELOS Y VENDERLOS! ¡ERES DESPRECIABLE!

Vallderktar: JAJAJA, ¿despreciable? ¡TE MATARÉ CON MIS PROPIAS MANOS SABANDIJA!

Vallderktar arrojó gargajos asquerosos y purulentos sobre Nor, el cual esquivó con rapidez felina. Al ver que su rival era muy grande y pesado, decidió utilizar su velocidad y agilidad con la que consiguió asestarle un hachazo en la espalda, provocándole una herida de la cual brotaba sangre verde espesa y apestosa. Vallderktar, sorprendido por el golpe, enloqueció y empezó a pegar golpes a todas partes. Nor aprovechó ese momento de locura para encajarle más ataques, hasta que consiguió impactarle en la cara, arrancándole un ojo.

Vallderktar: ¡ARGH! ¡MALDITA RATA, YA ME ESTÁS HARTANDO!

Nor: ¡ESTÁS ACABADO, DESGRACIADO!

Nor agarró su hacha y se la clavó en el cráneo, terminando así con la vida de Vallderktar. Para que Skorn viera que hizo su trabajo agarró su deleznable cabeza, la arrancó de cuajo y liberó a todos los rehenes; abandonó a toda velocidad la nave, que comenzó a destruirse por todas partes. Mientras huía, Nor las instalaciones explotaron y los esbirros restantes se desintegraron en cenizas. Con la cabeza del villano en la mano, encendió la aeromoto y se regresó con Skorn. Al llegar, arrojó la cabeza encima del mostrador, chorreando sangre. Acto seguido le dijo.

Nor: Ya está hecho el trabajo, liberados todos lo prisioneros y muertas todas esas cucarachas. El dinero.

Skorn: Muy bien, chaval. Veo que quieres a tu madre mucho. Tu actitud es muy positiva. Bueno ¿cuánto cuesta la operación de tu madre?

Nor: 450.000 Créditos.

Skorn: Mmm…. entiendo. Me ha gustado cómo trabajas y de momento, para que sigas aquí, te daré 50.000 créditos; cortesía de Ziwels. ¿te parece bien?

Nor: Sólo quiero salvar a mi madre, ¿qué más debo hacer?

Skorn: Necesito que vayas a Valglory y le entregues esto al dependiente de la tienda de armaduras que se encuentra a la derecha de la rotonda principal. Se llama Phill, dile que vas de mi parte. Su aspecto es parecido a una anguila, es del planeta Clingclong, así que no te asustes de como habla ni de sus enormes ojos.

Nor: Entendido, capitán.

Nor montó en la aeromoto y se dirigió hacia Valglory. Al llegar allí, encontró en seguida la tienda. Tras aparcar, saludó al dependiente y éste le preguntó quién era.

Dependiente: Hola, buenas clardes ¿cómo rast?

Nor: Hola, estoy buscando a Phill, ¿es usted?

Dependiente: Cli, soy yom. ¿Quién egles tú?

Nor: Me manda Skorn, me ha pedido que te traiga este paquete.

Phill: ¡¿Skorn?! Sigue vlivo por lon que vreo.

Nor: Si, ¿por qué debería estar muerto?

Phill: No dligo que delba estak muento, ers mi mejop amigow.

Nor: Bueno yo ya he cumplido aquí, debo irme.

Cuando se dirigía hacia la salida, se escuchó en la calle una gran explosión. De repente tres aerocoches pararon enfrente de la tienda y de ellos salieron 10 hombres muy extraños. Nor, al ver la situación, desenfundó su hacha y se preparó para la inminente batalla. Sin embargo, Phill le golpeó la cabeza y le dejó inconsciente.

Continuará.


Imagen: Warhammer 40k Wolf Guard por Harry Osborn

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Cyberpunkalíptico https://naufragio.net/cyberpunkaliptico/ https://naufragio.net/cyberpunkaliptico/#respond Fri, 03 Aug 2018 12:00:15 +0000 https://naufragio.net/?p=3398 Cuando nos dicen “Cyberpunk”, automáticamente pensamos en neones, grandes edificios luminosos, hologramas publicitarios con geishas ofreciendo noodles… Sí. Todo eso está muy bien, ha calado hondo en nuestro subconsciente. También pensamos en crestas de colores fluor, chupas de cuero con parches y luces LED, brazos cromados,  motos con ruedas brillantes que dejan rastro como en […]

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Cuando nos dicen “Cyberpunk”, automáticamente pensamos en neones, grandes edificios luminosos, hologramas publicitarios con geishas ofreciendo noodles… Sí. Todo eso está muy bien, ha calado hondo en nuestro subconsciente.

También pensamos en crestas de colores fluor, chupas de cuero con parches y luces LED, brazos cromados,  motos con ruedas brillantes que dejan rastro como en Tron…

Cuándo nos dicen postcataclismo, bueno…igual…no pensamos en nada de primeras , no. Pero ¿Si nos dicen Mad Max? Ah amigo, ahí pensamos en el desierto, polvo, tipos con crestas de colores, chupas de cuero y cadenas, motos de cross a toda pastilla, booguis, el brazo ortopédico de Furiosa…

Un momento, ¿por qué pienso en prácticamente lo mismo? Sólo cambio los rascacielos por un secarral. ¿Habré estado errado todo éste tiempo? ¿Podría ser lo mismo y me lo han vendido como dos cosas diferentes?

Cuando me pongo a escribir mis partidas amateurs de rol, ambientadas en mundos cyberpunk, o incluso jugando videojuegos, leyendo libros o viendo películas del género… En un futuro cercano y distópico donde la tecnología invade lo cotidiano, no creo que todo sean bombillitas de colores y vehículos voladores. De hecho, no creo que el futuro cercano llegue sin ninguna catástrofe previa, del estilo cataclismo. Entonces, ¿Son compatibles las distopías postcataclísmicas con las cyberpunk? ¿Una pasa primero por la otra? He creído llegar a la conclusión, de que nos imaginamos ambas con mucho Punk. Ecopunk, greenpunk, cyberpunk, steampunk… Punk!

La línea que separa un subgénero del otro es tan, tan fina, que es demasiado fácil romperla. Y es que a los humanos nos encanta catalogarlo todo, poner etiquetas, crear grupos y subgrupos. Y yo, sospecho que tiene que ver con nuestra necesidad de sentirnos parte de algo, o de compartir lo que conocemos y disfrutamos con otros especímenes de una forma privativa, ponernos nombres, apodos, títulos y rangos. Odio esta actitud humana, pero soy víctima de la misma sin duda alguna, lo reconozco, aunque prefiero no socializar con el fanfarroneo y la endogamia que en muchas ocasiones conlleva y que practican grupos herméticos y ostracistas de algo tan nimio como es un hobby.

De cualquier modo, ese afán clasificatorio me sirve como perfecta excusa para ponerme a escribir de algo que me gusta, me llena y me abstrae de mis problemas y “qué haceres” cotidianos. Así que ni tan corto ni tan largo, y dejémonos de rollos filologaitas, y compartamos opiniones e ideas inspiradoras entre todos y todas. Yo tan solo me he animado a abrir la veda por escrito, para pasarlo bien.

¿De verdad creéis que llegaría la sociedad actual a una fantasía científica y distópica, ultra tecnológica pero decadente, sin pasar antes por un cataclismo o por una gran hecatombe que cambiase la sociedad tal y como la conocemos hoy? Creo que sería inviable, lo que convierte lo postapocalíptico y lo cyberpunk en distopías coetáneas ideales para mezclar y aderezar en nuestros relatos y partidas.

Cyberpunk hace siempre mucho hincapié en que es una sociedad superviviente y decadente, pero  rara vez nos enseñan en sus películas y novelas cómo han llegado a eso, no suelen ponernos en precedentes de una línea temporal, o si acaso, muy por encima. Todo universo cyberpunk se basa en la trilladísima distopía de que los ricos son más ricos, los pobres más pobres, los gobiernos títeres de las grandes compañías capitalistas, y que la vida en general es una mierda autoconsumista en ciudades megapobladas (Sprawl), super conurbaciones, ghettos y slums kilométricos, donde moran busca vidas y antihéroes adictos a esto y a lo otro, que al final se convierten en protagonistas del technocuento, sin esfuerzo ni voluntad, muchas veces cohibidos, manipulados, o movidos por la ambición o la venganza. Una deshumanización total y absoluta, sálvese quien pueda y tonto el último.

Para llegar, del presente a una situación similar, imagino disturbios, sangre en las calles, civiles contra fuerzas del estado, corrupción, civiles contra civiles, dramas familiares, paro, la clase media perdiéndolo todo, hambruna, enfermedad, represión… Suena bastante feo, sin tsunamis ni súper virus devoradores de carne.

Akira, obra magna donde las haya, clasificada por todo kiske como joya de la corona cyberpunk. ¿En serio? ¿De verdad? ¿No le pega más joya de la corona postapocalíptica? Más que nada porque no es la tecnología lo que lleva a Neo Tokyo a su segunda destrucción masiva, es Tetsuo, fruto de un experimento psíquico y el efecto de nuevos fármacos. Suena a algo mucho más MK Ultra ido de madre, que a una obra cyberpunk sólo por que la moto de Kaneda mola mucho, y sucede en un futuro cercano (en un ayer anacrónico mejor dicho a fecha de hoy). Pero cyberpunk, cyberpunk… Y ojo que soy un enamorado de la obra, pero analicémoslo. No hay redes de datos, no hay aumentos cibernéticos. Lo que hay en Neotokyo es ese caldo de cultivo de descontento en la sociedad, como hablábamos antes, detonador del más posible y aterrador de los apocalípsis, un gobierno mentiroso, pandillas callejeras, un crío psiónico mutante…. vaya….si hago resumen igual tiene más puntos en común con Mad Max que con Neuromante, y aún así todos lo aceptamos como cyberpunk.

Uno de los motivos más simples y factibles que se me ocurren para llegar a un futuro cataclísmico, son la política y la economía, simple y llanamente. Cuando los gobiernos son incapaces de cumplir con sus promesas, el déficit es galopante y la tesorería tiene más goteras año tras año y al final todo se va al garete. La tecnología es una larga y negra sombra sobre los puestos de trabajo realizados por humanos, en cadenas de montaje, en telemarketing, en logística… un dron nos trae la compra a la puerta de casa, los electrodomésticos se fabrican solos en cadenas de montaje robotizadas, nos movemos en robotaxis que se autoconducen por GPS o transportes públicos sin conductor, automatizados, y el paro aumenta. El pobre cada vez es más pobre, el rico más rico, el pobre no tiene dinero para mandar a sus hijos pobres a la escuela, por lo que no aprenderán nada en lo que poder trabajar, sin fuentes de ingresos no hay vivienda, no hay comida… me voy imaginando grupos nómadas vagando por las carreteras, sin hogar, al margen de la ley, proscritos en cualquier núcleo urbano, neo cíngaros. O Barriadas okupas, al margen del circuito económico de las élites, que sobreviven con anticuado papel moneda o trueque. Todo lo que quede fuera del núcleo urbano será poco menos que el 4º mundo dentro del 1º mundo. Y generación tras generación su situación empeoraría. Hay un paso a los clanes de la carretera que imaginó Miller. Un ejemplo de cómo todo se puede ir al traste de una forma tan lógica y fácil de imaginar, es la novela “Apocalipsis suave” que os recomiendo.

Hace no mucho leía  también “Islas en la red”, una de esas novelas que conforman el Sancto sanctorum del Cyberpunk según los expertos (Dios me libre de considerarme uno de ellos), un libro (no spoiler) en el que en un futuro cercano, un matrimonio normal y corriente, empleados ambos en una gran megacorporación de múltiples intereses globales, se ven envueltos en un thriller empresarial de magnitudes internacionales. Es una lectura, que quedaría orbitando del sol cyberpunk en la más lejana de sus circunferencias, según mi gusto, ya que pese a que la tecnología soñada es presentada página tras página del libro, carece de protagonismo frente a las tramas socio económicas, los atentados de falsa bandera y las luchas de intereses entre gobiernos y zaibatsus. La lectura viene al caso por que presentan el cyberpunk en países en vías de desarrollo, como por ejemplo, emplazamientos caribeños, que no están llenos de rascacielos fosforitos precisamente. El tercer mundo, también tiene derecho a ser cyberpunk. El futuro, no excluirá a naciones en vías de desarrollo ni al tercer mundo, y las naciones en esa situación, podrían parecerse más a un entorno postapocalíptico con tecnología de contrabando, que a Megaciudad. ¿Y si todo el globo llegase a ser tercer mundo entonces?

De aquí en adelante, asumo que lo más fácil para que un futuro postcataclísmico sea compatible con el cyberpunk es precisamente, y una vez más, el ying y el yang del que ya he hablado anteriormente aquí en la casa que me da cobijo, El Naufragio. El cyberpunk vive gracias a la cara A y la cara B de una sociedad futura. Ricos y pobres, ovejas y punks, seguidores y rebeldes. Todo gira en torno al Punk. Una parte de la humanidad siempre seguirá dominando a la otra, tras una pantalla bursátil, o a perdigonazo limpio. La sociedad  siempre queda dividida en dos, lobos y ovejas. Por eso necesitamos Punks entre las ovejas, ovejas negras capaces de hacer frente al lobo aunque sepan que acabarán devoradas, total, no tienen nada que perder.

El propio Gibson, padre del cyberpunk, creó en Mona Lisa Acelerada, un entorno desolado y underground llamado Dogg Solittude, un yermo frío salpicado de basura, charcas congeladas, y naves industriales okupadas por bandas salvajes fuera del exuberante y tecnológico Sprawl.

Esas fronteras suelen estar bien marcadas en todas estas referencias distópicas. Podemos fijarnos en Alitta Battle Angel, donde la mugre asalvajada vive en un yermo de chatarra y basura sin ley llamado El Patio de los Desperdicios, y la gente bien, vive en una ciudad aérea llamada Tifares. Algo muy similar a la película Elyisum.

Encontramos fronteras también en Juez Dredd, dónde el gran Muro separa Megacity del desierto atómico y sus habitantes, punkies pandilleros, mutantes y otras bestias lisérgicas fruto de la radiación.

Y todos los ciudadanos de la parte pobre, son el Punk. Son ira, envidia, odio, frustración, rabia, hambre, ignorancia y violencia.

Así que todo el que no viva en el ying, vivirá en el yang, en el punk, fuera de los rascacielos, los luminosos Times Square, los vehículos aéreos, los sirvientes sintéticos y las nanocirujías estéticas. Lo harán entre basura, chatarra, vehículos terrestres reensamblados docenas de veces para alargar su vida útil, chabolas y ruinas okupas. Puro postcataclísmo en realidad.

¿Qué más podemos imaginar que nos llevaría hasta ese cataclísmo?

Las materias primas son otro asunto que podría desembocar un cataclismo social y devolver a la humanidad civilazada a la edad de piedra. El agua potable, por ejemplo, es un bien escaso ya en algunas partes del globo, como el centro y sur de EEUU dentro del propio autodenominado 1º mundo. ¿Y si nos quedásemos sin agua? Apaga y vámonos. Tráfico de agua, mafias del agua, guerras del agua. En “Cuchillo de agua” de Bacigalupi, es una novela en la que no hay un amplio despliegue tecnológico en sus hojas, ambientadas en un futuro cercano, pero en su Arizona ficticia, la escasez de agua potable y la corrupción que rodea al líquido elemento, son de nuevo un desencadenante cataclísmico que transforma la sociedad occidental, llevándola al borde más afilado de la navaja, al más inhumano y criminal, en el que un litro de agua potable, vale más que un puñado de vidas humanas.

El agua  también en el motor del conflicto en el comic “We Stand On Guard”, otra distopía con toques cyberpunk.

El propio Miller, una vez más, comenzaba el santo grial de las ficciones postcataclísmo con la escasez de combustible como piedra angular.

Porque sí, claro, puede que todo se vaya al traste de una forma mucho más sonada, explosiones, misiles, bombas H. Claro que sí. Si hay un ejemplo que nos enseña que el ser humano sería capaz de resurgir de sus cenizas es Japón, por lo que una guerra atómica es otro supuesto a la hora de crear una excusa para que nuestro mundo cyberpunk sea un yermo dificilmente habitable.

Recurriendo a Miller de nuevo, en la segunda entrega del guerrero de la carretera, optó por este apocalípsis nuclear total, devolviendo a la humanidad casi a la edad de piedra, dejando atrás su coqueteo con el denominado “Apocalípsis Suave” del que hablábamos antes, imaginando una Australia anárquica y corrupta en la que la escasez de combustible era la chispa del caos y la barbarie, y lanzándose en bomba a la piscina de los armagedones, transportando a Rockatansky al paleolítico del motor V6. Ahí si que no había ordenadores, ni redes de datos, ni nada de nada, ballestas, escopetas, motos de cross y corvettes tunneados. Sin embargo, llega Fury Road, y Furiosa tiene una protesis “cibernética” .. o más o menos… una pizca cyber muy punk en un mundo cataclísmico. Vuelven a darse la mano estos dos géneros. Parece que no saben vivir el uno sin el otro, les gusta guiñarse el ojo cuanto menos.

En otros clásicos del género, como “Hardwired”, nos hablan de que la Tierra (o parte de ella, normalmente grandes naciones civilizadas como los EEUU o Europa) ha sido bombardeada con meteoritos en una guerra entre las corporaciones y el gobierno, gracias a cañones de masa orbitales (o ingenios del mal similares) que desde allí arriba lanzaban enormes pedazos de roca al viejo planeta azul (más barato y efectivo que las armas nucleares claro).  Así, a lo bestia, sin paños calientes. Si a los dinosaurios les extinguieron un par de pedruscos, pues imaginaros un Zaibatsu entero lanzando asteroides a Washington D.C. y La Costa Oeste, el resultado posterior para los que se quedan viviendo abajo, por mucha tecnología que tengan, debe ser divertidísimo.

El propio Philip K. Dick en “Sueñan los androides con…” Bla, bla, bla, nos presentaba una costa oeste cubierta de polvo radioactivo, prácticamente deshabitada, con una población civil empleada (nueva clase media) que vivía de okupa y sufrían enfermedades derivadas del “polvo”. Pero tenían vehículos voladores, pornochachos replicantes y máquinas de realidad virtual. El futuro da una de cal y una de arena. Nos morimos de cáncer pero tenemos mascotas sintéticas. Qué ilusión.

Son casos muy cyber cataclísmicos ¿No?.

Me planto sin embargo, en el asunto “mutantes”. Que el apocalípsis bélico u atómico, nos deparase un futuro  mundo devastado habitado por criaturas inimaginables, es donde yo, personalmente, echo el freno. No se vosotros, pero un devastado erial postatómico habitado por mutantes y supervivientes, ya creo que queda un pelín fuera de lo que el cajón del cyberpunk demanda. Para eso tenemos otras referencias de ocio como Metro 2033, Punkapocaliptic, Tormeggido, Necromunda,  Borderlands, Wastelands, Fallout o Rage. ¿Qué opináis? ¿Estoy siendo demasiado papista?

Así que tenemos claro que todos vivimos actualmente bajo la infinita sombra del meteorito que pasa muy cerca de la Tierra, los virus que pasan de animales a humanos, la escasez de agua, el deshielo de los casquetes polares, la caída de la bolsa, el botón rojo de una megapotencia, la desintegración de la capa de ozono por culpa del diesel… Oh sí, las noticias se encargan de engordar nuestro miedo y nuestra imaginación a diario, no hace falta ver películas de zombies ni invasiones aliens.

Concluyo entonces, que los hábitats postcataclísmicos han de existir en el cyberpunk. El manual adicional de R. Talsorian Games “Neotribus” dió ese paso adelante en un volumen de nuevas reglas y miscelánea de tribus nómadas, que con distintas estéticas tribales, a lo niños del mañana mañana, o El Puño de la Estrella del Norte, recorren las autopistas que unen las megaurbes en convoyes familiares de motos, pick ups y auto-caravanas. ¿Qué diferencia hay entre eso y Mad Max? Que en Mad Max no llegarán nunca a una ciudad tecnológicamente avanzada, ya, a no ser que el infierno nuclear sólo afectase a Oceanía, igual viven de lujo en el resto del globo y Miller pasa de profundizar en eso. A fin de cuentas ¿sería necesario? ¡No! ¿Para qué? Vemos Mad Max y pensamos que todo el planeta Tierra ha sufrido la misma suerte, de hecho, nos importa un bledo que la película suceda en Australia, automáticamente nos ponemos en el papel de que todo ha sido aniquilado.

Basándome en ese pretexto, comencé la campaña titulada “Desert Chrome” con el reglamento Cyberpunk 2020 de R. Talsorian Games. No quise encerrar a mis PJ’s en un laberinto de rascacielos brillantes, clubs de striptease y barriadas de crakeros en las afueras. Me los llevé al salvaje oeste del dos mil ciento y pico (ya no cuela lo del futuro distópico a corto plazo).

Bebí de todas estas fuentes de inspiración para crear mi propia visión de una Arizona, que ha dejado de formar parte de los EEUU tras un proceso de balcanización y rebeliones civiles internas que han desfragmentado  la cuna de la civilización moderna en un futuro cercano.

Mi nueva república independiente de Arizona se ha convertido en el patio de juegos de los criminales Mejicanos, que huyen a la nueva y pobre república carente de leyes de verdad para eludir la poca justicia panamericana que les persigue.

Es un erial abrasador y levemente radiactivo, pobre, seco, hiperpoblado tras la migración hace décadas de los supervivientes de los conflictos atómicos en California, Colorado, Y Tejas, que huyeron al único estado que les dio cobijo y ayuda humanitaria. Mientras, en la costa Sureste, una guerra civíl instauraba la Nueva unión de Estados Confederados, y lo que quedaba de los EEUU, de Nevada hacia arriba, cerraba las fronteras a sus compatriotas, alegando la imposibilidad de poder darles la ayuda humanitaria necesaria. Un país dividido en tres y los restos de una guerra contra las nuevas mega potencias asiáticas.

Convertí el estado de los Rangers y las leyendas del wild west, en el 4º Mundo cyberpunk, dirigido por un gobernador electo que alargaba su vida natural y mandato gracias a la tecnología, y donde Phoenix es lo más parecido a una gran ciudad moderna del nuevo siglo , si barremos la capa de polvo y arena que cubre sus barriadas okupas en torno al downtown. Dunas, cactus, nopales, rocas marrones, carreteras en línea recta que se pierden en el horizonte, y pequeños núcleos rurales diseminados por el desierto de Sonora.

Es un mundillo imaginario que da mucho más de sí que para una campaña de 9 partidas. Podría hacer 30 partidas, 40, un juego de rol nuevo entero con suplementos, o una novela. Pero no quería quedarme sólo ahí, y actualmente tengo a medias una ácida campaña cyberpunk en España, titulada Amstrad Red, más de bombers de neopreno en color chillón y cepelines con holopublicidades.

Sin embargo, no pretendo dejar aquí mi ensoñación de Arizona, quijotescamente alimentada por todas las referencias susodichas y en medida de lo posible, recuperaré una nueva campaña, relatos, o quién sabe qué, pero pretendo seguir retroalimentándome de mi fantasía cyberpunkapocalíptica.

Actualmente, estoy en proceso de remaquetar las primeras partidas que colgamos en El Naufragio hace ya 10 meses, porque aunque no soy un profesional, lo bien hecho, bien parece. Pero si no sois muy sibaritas, podéis empezar a jugar la campaña cuando queráis si mi artículo os ha despertado la curiosidad, os ha inspirado, o lo que sea.

Gracias por vuestro tiempo.


Imagen: Post-apocalíptico wallpaper.

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Resquicios de guerra https://naufragio.net/resquicios-de-guerra/ https://naufragio.net/resquicios-de-guerra/#respond Fri, 27 Jul 2018 12:00:40 +0000 https://naufragio.net/?p=3364 Este relato va a acompañado de una reedición de Protocolo de cuarentena. Hemos actualizado el enlace en la entrada original, pero también vamos a añadir el siguiente botón para que se pueda descargar desde aquí. Esperamos que os guste esta nueva versión y la historia de Kalu, una de las PNJs que aparecen en la […]

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Este relato va a acompañado de una reedición de Protocolo de cuarentena. Hemos actualizado el enlace en la entrada original, pero también vamos a añadir el siguiente botón para que se pueda descargar desde aquí. Esperamos que os guste esta nueva versión y la historia de Kalu, una de las PNJs que aparecen en la aventura.

El estruendo de los cazas bombarderos que arrasaban la ciudad ensordeció a Kalu, una muchacha recolectora que se había escondido en el sótano de la familia Leram. La estancia había acumulado demasiada porquería durante los años de buena cosecha: cómodas de madera auténtica, sábanas de tela sideral, candelabros de metal estelar, pero no había por ningún lugar un arma. Kalu sabía lo que iba a suceder: los soldados imperiales iban a saquear todos los hogares que quedasen en pie y se iban a repartir a las chiquillas que hubiesen sobrevivido a la lluvia de infierno. Ella no lo iba a permitirlo, pero no era más que una recolectora del estrato más pobre de su sociedad.

Los Leram eran los dueños de las plantaciones de verdura digital del planeta Guftupax IV, uno de los muchos mundos granja que la Federación controlaba y, supuestamente, protegía. Sin embargo, desde que el declive de la organización interplanetaria provocase una sangrienta guerra contra el Imperio intergaláctico, esos mundos estaban a su merced. Y el ejército imperial no tenía problemas a la hora de “adoctrinarlos”. Las explosiones cesaron y el techo dejó de temblar, momento que Kalu aprovechó para asomarse. Su poblado no destacaba en nada: una larga fila de habitáculos de vivienda, con una calle principal, y al final la gran casona de los Leram. En las cercanías, kilómetros de granjas que generaban alimento sintético para toda la Federación. El perenne clima templado de Guftupax era agradable y favorecía que los trabajadores cumpliesen con sus cuotas mensuales, y salvo una filial de seguridad privada, carecía por completo de ejército o armamento.

El emperador permite a sus hombres tener una victoria fácil para elevar la moral”, masculló Kalu mientras atravesaba el pórtico de la mansión. Se encontraba armada con un trozo de madera astillado, aunque esta arma improvisada no le hacía favor alguno. Era una joven de unos dieciocho o diecinueve años, de piel oscura, una melena peinada en rastas, y un cuerpo fibroso, fruto de trabajar sesenta horas a la semana en las plantaciones. Sus antiguos compañeros de trabajo y vecinos estaban muertos, algunos los podía ver, con sus cadáveres en carne viva tirados por la calle, o agonizando bajo los escombros de sus hogares. A medida que se acercaba a la lanzadera planetaria, situada al sur del pueblo, apretaba más y más los dientes para no escuchar las agónicas súplicas de las víctimas del ataque. No había rastro alguno de los soldados: el bombardeo a un poblado de granjeros había sido por diversión.

Kalu puso una mueca de asco cuando al activar la lanzadera se encontró en su interior a dos soldados del imperio. Uno de ellos desenfundó con presteza su subfusil láser y le voló la parte inferior de la cara a la joven, sin darle oportunidad alguna. La mandíbula, el labio y parte de la lengua cayeron al suelo arenoso en una sinfonía repugnante, mientras Kalu caía de rodillas y perdía el conocimiento. No había hecho nada malo: solo era una recolectora de la Federación.

Cuando recobró la consciencia, estaba atada de pies y manos en una camilla militar. Alguien se molestó en vendar la fea herida, pero la capacidad de habla no iba a regresar. Pasaron varias horas hasta que se acercó un enfermero de campaña y le explicó su situación: se encontraba en un buque interestelar del Imperio e iba a recibir atención quirúrgica para después entrevistarse con el general Ukimo Athingwor. El mero hecho de escuchar su nombre hizo que sintiese escalofríos: era un individuo atemorizante, un mostrenco de más de dos metros que se había labrado una reputación de ejecutor sanguinario a lo largo y ancho de la galaxia.

El Imperio quería secretos de la Federación, información sobre sus operaciones y datos de producción. Ukimo fue engañado para creer que la joven Kalu poseía esas informaciones: cuando la chiquilla, con una prótesis de plástico que aguantaba lo poco que le quedaba de la boca, intentó explicar que solo era una granjera, el violento militar estalló en una furia incontrolable. Kalu demostró adaptarse rápidamente al peligro y esquivó el repentino golpetazo que pegó el general, clavando su hacha láser en la mesa de interrogatorios. Sin otro modo de huida, se aprovechó de la ira de su captor para provocarle y que se estrellase contra la pared, atontándose. Con rapidez, Kalu agarró el hacha y la estampó en la nuca de Ukimo repetidas veces, hasta que dejó de moverse.

Las alarmas se dispararon en cuanto el general murió de forma tan violenta, pero el instinto de supervivencia de aquella joven podía llegar más allá. Se escondió en los conductos de ventilación y logró escabullirse hasta los muelles de carga, mientras decenas de soldados la buscaban sin éxito alguno. Como suponía que el protocolo de cuarentena del buque iba a evitar que saliesen o entrasen naves a la bahía, decidió esconderse en el interior de un carguero de transporte hasta que lo desactivasen o se diesen por vencidos. Kalu sabía que tentaba a la suerte cada segundo que pasaba oculta, pero ni el dolor por la pérdida de su mandíbula ni el nudo en el estómago iban a impedir que saliese con vida de allí.

Durante dos días estuvieron buscando a Kalu por el buque, sin éxito. Y justo antes de perecer al hambre y la sed, un grupo de burócratas decidió viajar hasta el planeta imperial para informar de lo sucedido, acompañados por un único escolta. Cuando abandonaron la gigantesca nave interplanetaria, Kalu se aferró a las pocas fuerzas que le quedaban y usó el hacha láser del general Athingwor para acabar con el soldado. Después, obligó a los burócratas a que la llevasen a una estación médica independiente y utilizó los Créditos que les arrebató para instalarse una mandíbula biónica.

Pudiendo hablar de nuevo y con una sed de sangre insoportable, Kalu arrojó al vacío espacial a aquellos miserables. Athingwor había sido el primero, pero aún quedaban generales del Imperio por ejecutar. Abandonó aquel puesto médico tras intimidar con su presencia a los científicos, y decidió buscarse la vida como mercenaria. El hacha del general pasó a formar parte de la leyenda de Kalu la Salvaje, una letal asesina a sueldo que siente una especial satisfacción al degollar imperiales.



Imagen: Encontrada en Pinterest sin fuente original

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Athkri: El amor no sabe de razas https://naufragio.net/athkri-el-amor-no-sabe-de-razas/ https://naufragio.net/athkri-el-amor-no-sabe-de-razas/#respond Sun, 22 Jul 2018 19:00:24 +0000 https://naufragio.net/?p=3394 Las fábulas de antaño y en menor medida, el resto de fantasías literarias nos hacen creer que el conflicto entre naciones es el motor necesario para contar cualquier historia. Pero entre bastidores ocurre algo más, algo que requiere a dos almas necesitadas de compañía y comprensión: refugiados de guerra, exiliados políticos y príncipes intentando encontrarse […]

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Las fábulas de antaño y en menor medida, el resto de fantasías literarias nos hacen creer que el conflicto entre naciones es el motor necesario para contar cualquier historia. Pero entre bastidores ocurre algo más, algo que requiere a dos almas necesitadas de compañía y comprensión: refugiados de guerra, exiliados políticos y príncipes intentando encontrarse a sí mismos en otros territorios son caldo de cultivo para que el roce haga el cariño y vengan al mundo mestizos de todos los colores y sabores.

Diversas mitologías nos presentan a los semidioses, el fruto de una relación entre un dios y un mortal; su condición les lleva a protagonizar diversas aventuras en las que se levantan como héroes ante sus iguales o son condenados por la sangre divina que llevan en sus venas. Por parte de los juegos de rol, los mestizos han estado presentes como una opción racial aparte, diferenciada de sus progenitoras y haciendo hincapié en que, aunque sus dos padres sean de distintas especies, el resultado hace una raza distinta, que obtiene lo mejor y peor de ambas partes. Los semielfos y los semiorcos son arquetipos comunes, pero podemos encontrar híbridos entre enanos y humanos, o los hijos de gigantes y mortales, más cerca de la divinidad que de la gente común.

Las relaciones interraciales dan lugar a situaciones interesantes, en las que se pone en juego los prejuicios o el rechazo social. ¿Cómo aceptarán los trabajadores de la fábrica que el jefe se haya casado con una orca? ¿Le parecerá bien al monarca élfico que su hijo esté tonteando con un poblado de medianos libertinos? El nuevo jefe de BlackFalcon Inc es un corpulento semigigante, que se ha ganado su posición a base de demostrar sus conocimientos financieros y superar a rivales mucho más privilegiados que él. ¿Cómo le irá la vida ahora?

Aunque el término “raza” no sea adecuado a la hora de describir las opciones de estos juegos, vamos a emplearlo porque es un concepto tan arraigado que cambiarlo a estas horas va a traer más quebraderos de cabeza que soluciones.

El amor no sabe de razas es el suplemento escogido mediante la encuesta del mes de julio 2018, ganando la opción “Una nueva Raza” y, en la segunda encuesta “Reglas para Mestizos“. Esperamos que sean del agrado de nuestros lectores y que aparezcan muchos gnomorcos, elfanos, humedianos y trolfos.


Imagen: Retrato Personas Oscuridad en Pixabay

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El marinero https://naufragio.net/el-marinero/ https://naufragio.net/el-marinero/#respond Fri, 20 Jul 2018 12:00:36 +0000 https://naufragio.net/?p=3368 Dura es la vida del marinero, alejado de su familia durante tanto tiempo para regresar durante un instantes con las duras ganancias conseguidas a golpe de mar. Dura es la pérdida, al convertirte en la ceniza del recuerdo en el momento que dejas este reino para pasar a otro, quizás mejor. Dura es la despedia, […]

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Dura es la vida del marinero, alejado de su familia durante tanto tiempo para regresar durante un instantes con las duras ganancias conseguidas a golpe de mar.

Dura es la pérdida, al convertirte en la ceniza del recuerdo en el momento que dejas este reino para pasar a otro, quizás mejor.

Dura es la despedia, pues asfixia querer pronunciar palabras que nunca dichas, que no encontraron la situación para asentarse, para ser formadas.

¿Dónde quedarán esos viajes en barco, esas experiencias por los océanos del mundo, ahora que ya no queda posibilidad de registrarlas? Si es el tiempo el que nos hizo falta, se nos desbordó por algún lado. Si fue la intención, fragmentos de memorias quedaron impregnados de los recuerdos: incompletos pero hirientes como una brasa al rojo.

En tal ausencia, toca reconstruir y rememorar, para construir con los pedazos del pasado un monumento metafórico sin que falte ninguno de nosotros. Un lugar idílico producto de la imaginación de un niño, pues en la infancia somos más sinceros que de adultos; un paraíso levantado con sueños inocentes, con mares azules y acogedores, y con playas doradas de fina arena. Donde no haya dolor ni sufrimiento, donde estemos todos en armonía.

¿Es eso lo que buscamos? ¿Lo que queríamos? No podemos saberlo: aún caminamos muy perdidos, muy enfrascados en nuestro yo, que no podemos ver ni saber lo que, en lo más profundo de nuestro alma, deseamos. Queremos una elegía, un canto sencillo y relajante como el arrullo del Cantábrico, para que el escozor que sentimos bajo la piel sea mucho más llevadero. Pero, como dura es la vida del marinero, dura es su despedida.

Ojalá fuese todo más sencillo y los adioses menos espinosos, pero de la mar hemos venido y, cuando llegue el momento, atravesaremos el camino repleto de conchas, estrellas de mar y percebes hasta llegar donde estás tú, el marinero, esperándonos.

L.V.I.
El marinero

Imagen: Los Raqueros de Puerto Chico

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