Gaia1, mayo de 2017
Los vientos tormentosos del fin de los tiempos soplaban con ferocidad a lo largo del globo. La estratosfera se había convertido en un espectáculo de luces brillantes y terribles, a medida que el fuego y la destrucción llovía por Gaia.
Preparados para la Gran Trascendencia, los theurge y hechiceros del Peñasco Blanco recitaban el salmo que tanto habían practicado en lo más profundo de las cuevas del Arca. Una gran multitud de Fêra, Changeling, Magos, Vampiros y otros seres sobrenaturales se habían reunido para «trascender» y dejar atrás un mundo devastado. La lucha contra el Wyrm había sido un fracaso, la Tejedora había perdido el control y el Kaos lo estaba consumiendo todo. No obstante, había algo de cotidianeidad en los túneles: viejos enemigos compartían ahora refugio, y cualquier otra rencilla había perdido el sentido desde el momento en el que la tierra se resquebrajó.
La Umbra había sido devastada por una liberación energética desconocida, los espíritus ya no respondían a las súplicas de los mortales y se desvanecían en nubes de protoplasma arcano. Ya nada tenía sentido, y aunque la gran mayoría de criaturas sobrenaturales habían empezado a matarse entre sí, en el norte de España se preparaba un refugio. Un lugar que permitiría a sus espíritus viajar hacia otra realidad, hacia otro mundo dónde hacerlo mejor. Los Zarpas de Teluria ya lo habían hecho en otra ocasión, pero esta vez iba a ser mucho más grave.
El tapiz del mundo se deshilachaba, pero para uno de ellos, el Garou conocido como Mauricio Belmonte, la Trascendencia no era suficiente. En una de las misiones que completó mientras trabajaba para el clan de la Justicia Metálica conoció a un viejo Uktena que había dejado su puesto como líder para dedicarse a la meditación y el viaje astral. Sus ojos habían visto maravillas terribles y catástrofes hermosas en la Umbra, pero nada le había preparado para lo que estaba por venir. En el momento de conocerse, aquel anciano llamado Bruma Nocturna le dijo una adivinanza críptica.
— Tu camino no está en una línea recta, joven. Está por encima y por debajo.
Extrañado, pues aunque Mauricio ya había conocido a otros sabios, eruditos y chamanes, la presencia mística de Bruma Nocturna hizo resonar algo en su interior. El Uktena había aceptado la anexión de su clan ubicado en las Montañas Rocosas, la Noche Fría, a la gigantesca conglomeración de túmulos de Norteamérica, la Justicia Metálica. Con la seguridad de quién había experimentado la lucha contra el Wyrm en sus huesos, el viejo theurge mantuvo una relación cordial de amistad con Mauricio.
El tiempo pasó, y los signos del fin del mundo cada vez se hacían más presentes. Aunque no quiso regresar a su clan natal cuando se extirpó a la cábala que había estado corrompiendo la Justicia Metálica, Mauricio mantenía el contacto con sus antiguos compañeros. Había dejado de lado el rencor por las humillaciones que sufrió cuando era un cachorro y, con asertividad y empatía, se había formado como operativo de los Moradores del Cristal. Sin embargo, durante una noche tormentosa, fue contactado por un espíritu umbral de Bruma Nocturna.
— Estamos desvaneciéndonos, Hijo-del-Sacrificio. Mis jóvenes ya están preparados, pero… ¿lo estás tú?
Casi al instante, su líder de manada, la jovial Karen, entró como un rayo en la habitación. La estrella del fin de los días, Anthelios, brillaba con un fulgor apocalíptico en el cielo nocturno del hemisferio. Mauricio miró con determinación a su compañera.
Los preparativos para el ritual del Arca fueron extensos y complejos. Aunque pertenecían a un clan externo, se les había ofrecido un lugar en el rito para poder salvarse. Mauricio no destacaba en sus conocimientos espirituales, pero su ex-mujer, la líder de la comunidad Hidriana de Suances, había compartido parte de los detalles con él cuando se reunió con ella en el salón real del Pináculo.
— El túmulo ocultaba un extenso complejo de cavernas, todas ellas con signos rituales tallados que nos ha costado años descifrar. Es un ritual poderoso, que nos permitirá trascender nuestras carcasas mortales y viajar hacia otro mundo, más puro, más virgen, sin la amenaza constante de las fuerzas primordiales. — hizo una pausa. Se fijó en ella, tan preciosa y regal como siempre. Llevaban separados más de un lustro, y cada uno había tomado caminos distintos, pero el destello del cariño seguía latente. — Quiero que vengas con nosotras, con Ananta y las demás. Te hemos guardado el sitio que te corresponde.
No pudo contestar aún, había algo que le inquietaba. Los chamanes del Peñasco Blanco y los teúrgos de la Justicia Metálica coincidían en el tiempo que le quedaba al mundo. Aún faltaban meses, y el trabajo de preparación se presentaba agotador y terrible. Con el fin de evitar que el pánico se liberase por todo el globo, la Nación Garou decidió colaborar con otros seres sobrenaturales para mantener el control. Pero el secreto del Arca sólo lo conocían unos pocos.
Imagen: Generada por Inteligencia Artificial.
