Preludio Luna Demente

Preludio a una luna demente

La lluvia caía sin cesar sobre Santander. Una ciudad gris, demasiado bonita para los turistas que venían a visitarla. Una ciudad donde es imposible aparcar en verano y donde es imposible aparcar si llueve. Él aparcó la moto en la acera, cerca de un supermercado que cerró tiempo atrás. Observó su pequeña reliquia, de chasis azul y relieves plateados antes de recoger la bolsa de deportes repleta de recuerdos. El portal donde vivía ella no estaba muy lejos, por lo que caminó con tranquilidad, esquivando el tumulto de paraguas y gente corriendo a resguardarse de la lluvia.

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Conociendo a Judith

Conociendo a Judith

Nathan se percató de Judith una agradable tarde de septiembre en a una de las reuniones que organizaba la Justicia Metálica. Estaban destinadas a que los garou presentasen sus parentelas al resto de manadas bajo la farsa de un picnic. En un principio no le hacía mucha gracia asistir. Este tipo de eventos los consideraba, despectivamente, “exposición del nuevo ganado”. Pero la insistencia de Veronica Rogers para que conociera gente nueva hizo que asistiera esta vez. Eso sí, a desgana.

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Éxodo de la esperanza

Éxodo de la esperanza

Lydia se quedó mirando fijamente su rostro en el reflejo de la bañera. Las pequeñas cicatrices de sus escamas aún se notaban bajo la piel, pero pasaban desapercibidas a ojos humanos. Sumergió la cabeza dentro del agua helada, dejando que su melena morena ondulase como los tentáculos de una medusa; los recuerdos de las últimas horas chocaban en su mente, como piedras afiladas rebotando contra el cerebro. Sus orígenes agarraron su cabeza y la mantenían sumergida bajo el agua, haciendo que su forma Hidrix se apoderase de su cuerpo. Ella apretó con fuerza el borde de la bañera, sus agallas habían surgido para permitirle respirar.

De la camada corrupta emergieron ella y sus dos hermanos, venciendo el mal que cabalgaba sobre su sangre: el tósigo del Wyrm. Sin más ayuda que su fuerza de voluntad, lograron demostrar al Peñasco Blanco que habían superado la corrupción y que estaban preparados para servir a Gaia. Pero la desconfianza y el resentimiento de los Garou echaban para atrás los intentos de alianza, truncando las negociaciones con los hombres lobo. Su hermano Micael, de aspecto monstruoso pero sabio y afable, pidió a Lydia que tuviese paciencia, pues sus antepasados corruptos habían sido causantes de muchas muertes entre el clan cántabro. Nemo, por otra parte, quería tener independencia de otros cambiantes y formar su colonia bajo ningún mandato. La joven Lydia, única en su especie porque podía reproducirse y traer al mundo a más de su raza, dejó de lado sus aspiraciones por un Garou.

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Lobo en supermercado

Lobo en supermercado

Los raros signos humanos eran tan incomprensibles y absurdos como caminar a dos patas. Mike Harris el Apestoso había enseñado a Donna que un círculo rojo y con una línea por el medio significaba “prohibido”, como la parte de la Letanía donde se hababa de no aparearse con Garous. Entonces, ese círculo sobre una figura canina significaba que los perros no estaban permitidos; pero ella era un lobo al fin y al cabo. Los humanos no sabían distinguir una cosa de la otra porque eran idiotas. Donna se sentó sobre sus cuartos traseros mientras observaba a los monos tras la pared transparente. Quizás se esforzaba mucho en mirar, porque parte de su hocico estaba pegado al “cristal”, como lo llamaba Sinnerfield, dejando un reguero de babas y vaho de respiración; pero eso a Donna no le importaba lo más mínimo.

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Podredumbre del Orgullo Ragabash

Podredumbre del orgullo II

El encierro de la banshee

Lee la primera parte de la historia.

Jack recordó cómo entró en Estados Unidos al mismo tiempo que cruzaba el umbral de la habitación donde se encontraba el cuerpo de Varick. Allí, en el claustrofóbico metro de los Ángeles, el cuerpo de su camarada yacía encerrado en una barrera espiritual. Al igual que su mente en sus primeras horas en Norteamérica.

Obligado a asumir su forma humana casi continuamente, Diente Pútrido adoptó el nombre de Jack Tanner para el gobierno estadounidense. Él y Varick se trasladaron a un barrio peligroso de los Ángeles, donde su compañero Parentela encontró trabajo de mecánico.

Jack, que nunca había aprendido a integrarse en la sociedad humana, pasaba sus días viviendo como un perro callejero, alimentándose de porquería y durmiendo a salvo en la casa de su colega. Varick desconocía si existían Garous que custodiasen las zonas, así que regresaba por las noches con miedo a que Jack hubiese sido asesinado por hombres lobo o algo peor.

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