Fueron amigas

Fueron amigas

El sistema de selección de personal de la Justicia Metálica era severo. Era uno de los clanes Garou más influyentes del planeta y quizás el que más Moradores del Cristal tenía en sus filas. Las malas lenguas comentaban que sus científicos creaban monstruosidades dignas de servir al Wyrm, pero sus altos cargos lo negaban completamente, alegando que eran investigaciones para ayudar a mejorar Gaia.

Uno de esos proyectos que causó mucho revuelo fue el llamado “Amanecer Tardío“. Custod Aeson y Jan Nevershire eran sus creadores y poseían grandes listas de jóvenes promesas Garou esperando entrar a colaborar en el desarrollo.

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La condena del Indolente

La condena del Indolente

El resplandor verdoso procedente de la espada de luz le cegó durante unos instantes. Aguantó la respiración mientras el filo de plasma le acariciaba el cuello y galvanizaba parte de su piel expuesta, pero no perdió la compostura mientras su antiguo maestro. El ídolo al que había colocado en un pedestal metafórico, se jactaba de su evidente y nefasta corrupción.

– Ah, la virtud. El emblema imaginario que nos plantó Jan hace siglos y que nos ha obligado a vagar por el universo sin rumbo. ¿Ves en mí a alguien virtuoso? – el hombre, ataviado con una túnica harapienta de color gris y con un aspecto desastroso, negó con la cabeza. – Te di una nueva oportunidad cuando los demás te la negaron. No me obligues a ejecutarte.

Las palabras del anciano resonaron por la cavernosa estancia en la que se encontraban. El joven le había perseguido por todo el cuadrante, hasta que pudo emboscarlo en una mina orbital. Las luces de servicio titilaban tenuemente, iluminando a duras penas la escena entre aquellos dos enemigos. A pesar de que creía no albergar dudas, el viejo tragó saliva en espera de una respuesta. Dichos momentos se diluyeron en sintonía con la tensión del ambiente, mientras los recuerdos inundaban su memoria.

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Vómitos de neón y purpurina

Vómitos de neón y purpurina

27 de mayo de 2118

Ha pasado un tiempo desde que compré este cuaderno digital. No sé muy bien para qué, pero fueron unos diez digiecus mal invertidos. En la red hay un montón de basura tecnológica escrita, así que lo que estoy redactando va a importar bien poco, pero la soledad se está volviendo insoportable y yo necesito descargarlo por algún lado.

29 de mayo de 2118

Mi vida en Ciudad Capital no es lo que uno querría pero sí lo que uno necesita. Los tratos que he hecho con los Hermanos del Vudú me permiten pagarme este micro-apartamento, y aunque estoy caminando por la cuerda floja, antes estaba directamente en el suelo de la pista. ¿Quién soy? Algunos me llaman el “colega más barato”, otros saben que soy el Byron, pero nadie conoce con certeza mi pasado.

Soy el glamour personificado, y reparto polvos mágicos en ambos sentidos: sensoriales, tangibles y sensuales. ¿Qué mejor que un ciudadano no cualificado dispuesto a hacer lo que sea por unos digiecus? No sé si me siento orgulloso o me dan ganas de potar.

Es algo que ya no importa: en una mega-ciudad como Ciudad Capital, con sus conglomerados de cemento, distritos subterráneos y el sol marrón calcinando poco a poco los antiguos rascacielos, la identidad de uno se reduce a un número.

La noche se filtra por la ventana, con la luz lunar iluminando tenuemente el distrito Orilla Sur, mi residencia actual. Regresar a casa después de patear las zonas de reparto y escribir en este cuaderno es una forma de relajarse. Quizás publique mis memorias… ¿Quién las compraría?

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Tuliëlle Skara

Tuliëlle Skara I

CAPÍTULO I

Amargo despertar

Los primeros rayos de sol comenzaban a despuntar tenuemente por la ventana llegando hasta mi rostro obligándome a abrir los ojos, pero a duras penas los podía mantener semiabiertos.

-“Pero… ¿donde se supone que estoy?”

Tumbada bocarriba sobre el frio suelo, no lograba reconocer nada de mi alrededor y asustada por la situación me incorporé de inmediato. De repente sentí unas fuertes punzadas en las sienes y un sabor amargo invadió mi paladar haciéndome olvidar el porqué de mi sobresalto. Tras controlar un tanto la respiración y tras tragar saliva un par de veces, logré terminar de abrir los ojos para que estos se acostumbraran a la luz.

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Estrellas Errantes: Una vida mejor

Una vida mejor

Debido a la ingente necesidad de mano de obra barata y la complicada ubicación de las explotaciones mineras en los cuadrantes estelares, la Corporación Rayem diseñó las micro-cabinas de sueño, asfixiantes sarcófagos fabricados en plástico y pseudoacero, que permitían alojar a miles de trabajadores en un espacio reducido a cambio de sacrificar el confort más básico. Con la sensación de ser poco más que sardinas enlatadas esperando ser consumidas, los obreros y operarios de las estaciones orbitales renunciaban al calor del hogar a cambio de lugares de descanso compactos y de coste reducido.

Cada noche, tras haberse dado una relajante ducha de vacío, Galen se acurrucaba en su micro-cabina a perderse en las imágenes de su tecno-tablet, rememorando tiempos mejores en su planeta natal, Deugilia IX. Como tantos otros, Galen se había visto obligado a emigrar hacia las explotaciones mineras en busca de Créditos rápidos para pagar la interminable lista de deudas que su familia había contraído con el Imperio.

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