De los Flamingos

De los Flamingos

La media luna brillaba con fuerza en el cielo, mientras los gritos de Colette de los Flamingos, Galliard de los Fianna, desgarraban el aire del Túmulo de Warden’s Saw, en Arizona, EEUU. Su amante, Ernestheim Harris, Ahroun de los Hijos de Gaia, atendía el parto en forma Crinos, al igual que ella. El otro compañero de la manada, Bob Apestoso, Ragabash de los Hijos de Gaia, vigilaba que nadie se acercase al lugar. Colette y Ernest habían violado la Letanía y el parto de su hijo incestuoso debía guardarse en secreto. Aunque ellos dos eran Hijos de Gaia, el resto de la Delegación Oeste no iba a consentir que los amantes se quedasen sin castigo. Colette suspiró de nuevo, gruñendo en su forma de lobo-hombre, desgarrando la tierra con cada contracción y empujón. Ernest había purificado la zona con un ritual de tranquilidad, para que su amada Colette sufriese lo menos posible al dar a luz al cachorro Metis.

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Preludio Luna Demente

Preludio a una luna demente

La lluvia caía sin cesar sobre Santander. Una ciudad gris, demasiado bonita para los turistas que venían a visitarla. Una ciudad donde es imposible aparcar en verano y donde es imposible aparcar si llueve. Él aparcó la moto en la acera, cerca de un supermercado que cerró tiempo atrás. Observó su pequeña reliquia, de chasis azul y relieves plateados antes de recoger la bolsa de deportes repleta de recuerdos. El portal donde vivía ella no estaba muy lejos, por lo que caminó con tranquilidad, esquivando el tumulto de paraguas y gente corriendo a resguardarse de la lluvia.

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Vicente Rata

Vicente Rata

Desde que Aproventel decidiese dar carpetazo a su proyecto, el humano artificial conocido como Vicente Curbelo había permanecido en una cápsula de criogenización, esperando a ser destruído para siempre. Pero su perseverancia fue recompensada cuando una corriente eléctrica inundó el tanque hermético donde se encontraba. Una chispa de energía que le devolvió a este mundo, aunque lo que encontró cuando emergió de su prisión fue poco más que desolador.

La compañía que le había creado se había ido a la ruina por los actos de unos adolescentes miserables. A él ya no le importaba Aproventel, sólo quería venganza por la muerte de su padre. Ahí comenzaron las dudas y las alucinaciones: si bien recordaba a un padre cariñoso, que quería enseñarle el oficio de la panadería y dejarle en herencia el negocio… ¿Cómo es que ese sentimiento existía?

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Conociendo a Judith

Conociendo a Judith

Nathan se percató de Judith una agradable tarde de septiembre en a una de las reuniones que organizaba la Justicia Metálica. Estaban destinadas a que los garou presentasen sus parentelas al resto de manadas bajo la farsa de un picnic. En un principio no le hacía mucha gracia asistir. Este tipo de eventos los consideraba, despectivamente, “exposición del nuevo ganado”. Pero la insistencia de Veronica Rogers para que conociera gente nueva hizo que asistiera esta vez. Eso sí, a desgana.

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Éxodo de la esperanza

Éxodo de la esperanza

Lydia se quedó mirando fijamente su rostro en el reflejo de la bañera. Las pequeñas cicatrices de sus escamas aún se notaban bajo la piel, pero pasaban desapercibidas a ojos humanos. Sumergió la cabeza dentro del agua helada, dejando que su melena morena ondulase como los tentáculos de una medusa; los recuerdos de las últimas horas chocaban en su mente, como piedras afiladas rebotando contra el cerebro. Sus orígenes agarraron su cabeza y la mantenían sumergida bajo el agua, haciendo que su forma Hidrix se apoderase de su cuerpo. Ella apretó con fuerza el borde de la bañera, sus agallas habían surgido para permitirle respirar.

De la camada corrupta emergieron ella y sus dos hermanos, venciendo el mal que cabalgaba sobre su sangre: el tósigo del Wyrm. Sin más ayuda que su fuerza de voluntad, lograron demostrar al Peñasco Blanco que habían superado la corrupción y que estaban preparados para servir a Gaia. Pero la desconfianza y el resentimiento de los Garou echaban para atrás los intentos de alianza, truncando las negociaciones con los hombres lobo. Su hermano Micael, de aspecto monstruoso pero sabio y afable, pidió a Lydia que tuviese paciencia, pues sus antepasados corruptos habían sido causantes de muchas muertes entre el clan cántabro. Nemo, por otra parte, quería tener independencia de otros cambiantes y formar su colonia bajo ningún mandato. La joven Lydia, única en su especie porque podía reproducirse y traer al mundo a más de su raza, dejó de lado sus aspiraciones por un Garou.

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