El Suizo

El Suizo

Cuando la extraña droga verde –Suero Crítico, dicen los que saben– que volvió locos a los norteamericanos, el resto del mundo permanecía ignorante de lo que se gestaba en los niveles inferiores de los Laboratorios L.A.U.R.A., en Teapot Dome. Por supuesto, la desgracia estalló y aquella ciudad costera casi desaparece por la oleada de Aumentados psicóticos, dotados con habilidades que son incapaces de controlar, pero la empresa detrás de todo se encargó de dejarlo todo lustroso, sin quejas ni testigos.

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Amanda Arriaz

Amanda Arriaz (Wind Wolf)

Orígenes

Vilipendiada desde su nacimiento por su condición de mestiza, Amanda tuvo que sobrevivir como pudo en las frías calles de la ciudad. Su madre, una humilde extranjera sin estudios ni ambiciones, hizo todo lo que estuvo en sus manos para mantener a su disfuncional familia; su padre, en cambio, alternaba entre la prisión, el centro de detención y los apestosos locales de los bajos fondos. Criminal desde sus inicios, no tardó en ver como su vida se apagaba tras una trifulca a pocos metros de su hogar; tras la tragedia, la familia Arriaz se vio acosada por delincuentes que aún tenían asuntos pendientes con el difunto. Un soleado día de verano, irrumpieron en su domicilio con violencia y se las llevaron al páramo desértico, al noroeste de Teapot Dome, para deshacerse de ellas. Amanda había hablado con la policía para pedir auxilio y sacar a su madre de la cruel maraña mafiosa en la que se había metido, pero la osadía de su hija le costó la vida a un agente novato, y el chivatazo no tardó en llegar a oídos peligrosos.

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Gigatónico

Gigatónico

Los resultados del Proyecto del doctor Geistenheim no tardaron en llegar; la operación era un éxito rotundo. Con el fin de minimizar riesgos, el científico desarrolló un “contra-suero” que eliminaba las habilidades especiales otorgadas por el Truñotónico. Aunque el efecto era temporal, exigió que tras varias dosis el efecto fuese permanente. Sin saber que esto podría volverse en su contra, se enorgulleció cuando el Anulador X cobró forma. Mientras repasaba uno a uno sus éxitos, Teodoro estaba espatarrado en su despacho; entre sus piernas se encontraba su esclava personal, carente de voluntad. Le daba igual: la familia de la joven pensaba que estaba en un país del extranjero auspiciada por una beca similar al Erasmus. En cuanto se aburriese de ella, la devolvería a sus padres; quizás encontraría utilidad en algún prostíbulo de mala muerte.

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Calles azules

Calles azules

El implacable sol de verano caía con fuerza sobre la ciudad de Alcantarilla aquel verano del ochenta y nueve mientras dos chavales, ignorantes de lo que les iba a deparar el futuro, corrían de un lado para otro enfrascados en juegos inocentes. El más pequeño de ellos se llamaba Pedro Bocartes y sus padres eran los heroinómanos más repugnantes de la urbe, pero él no dejaba que la miserable situación de su hogar le quitase la sonrisa. A su lado, se encontraba el pequeño de los Giménez de Luchamán, un rechoncho Teodoro que disfrutaba de una pizca de libertad lejos de los muros de la hacienda familiar. La cuidadora del joven, una cuarentona que respondía al nombre de Bernarda, observaba que el señorito no se magullase al mismo tiempo que intercambiaba cuchicheos y habladurías con las verduleras que frecuentaban el Parque de Luis Fernando IV. Se decía que Bernarda continuaba en su puesto porque compartía sábanas con el buen señor Giménez cuando la señora de Luchamán pasaba horas en la consulta del psicólogo, pero tales chismorreos nunca llegaban a oídos de la interesada. Los chavales, ajenos a los tejemanejes de los adultos, se esforzaban en meter un balón de plástico entre dos palos de madera mientras soñaban con ser futbolistas o presentadores de televisión.

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Fundación Aproventel

La fundación de Aproventel

Fue una noche terrible para todos los que formaban el Equipo Colisión Inminente: el cielo había decidido descargar toda su furia en forma de abundantes lluvias , atronadores relámpagos y un grupo de mercenarios sedientos de dinero y repletos de Suero Crítico habían secuestrado al vicepresidente de los Estados Unidos, el republicano Jonathon Burbanks, para exigir un disparatado rescate. Joan Lamberd, la segunda al mando del equipo y médica de campo, había asumido el mando porque Theodor Kampfmann, el líder, había decidido pasar varios días de juerga en Haití. El malestar que las decisiones y la desidia del líder del ICT habían despertado en los altos mandos del ejército y de la NSA había alcanzado un punto preocupante, y los rumores sobre una reciente sustitución se extendían como la pólvora.

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