Los Ciclos de Drem

Los Ciclos de Drem

Nosotros, los kokebi, los hermanos menores de Drem, damos testimonio de su grandeza.

EXORDIO DREM

En el principio del TODO nada estaba escrito. Todo era vasto, reinaba al caos y el orden por igual. Las tinieblas y la claridad vagaban sin rumbo expandiéndose más y más. El paso de los eones hizo que las vorágines se calmasen. Fue entonces, y no antes, cuando aparecieron las primeras ESTRELLAS. Las primeras esencias que habitaron el TODO.

Una de ellas, perdida por el inmenso espacio, transcendió al resto de ESTRELLAS. Se convirtió en un ser sabedor del TODO. Así Drem, consciente de sí misma, comenzó su Viaje Estelar.

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El examen final

El examen final

Terrana, 28 de abril de 2078. 17:21 de la tarde.

Un accidente espacial ocurrió en una de las pequeñas callejuelas de la ciudad, y el responsable fue un ex convicto de uno 40-50 años de edad que conducía su aeronave bajo las influencias del bio-alcohol y la meta-cocaína. El parte de la neopolicia explicaba los hechos y víctimas, 21 muertos y 13 heridos por explosión. Entre ellos la madre de Nor, un joven de unos 19 años de edad, estudiante de la Academia Militar Korng.

Norbert Nightmare, de 1,90m de altura, ojos verdes, pelo liso moreno y cuerpo robusto, quería ser miembro del ejército que defendía su planeta. Al enterarse de aquel percance y escuchar que su madre estaba herida grave, fue corriendo al Hospital Kleptor para ver qué le había pasado. Asustado corrió sin pararse ni un instante, y al llegar a la habitación, vio a su madre en la cama tirada sin un brazo y con media pierna. Llorando se acercó a ella, vio que estaba en coma y que no respondía.

El doctor le dijo que estaba muy grave y que costaría que siguiese viva: había que implantarle un brazo y una pierna de adamantio para que pudiese caminar. Nor aceptó las condiciones que le comentaron, pero coste de operación sería muy difícil de pagar. Nor convencido decidió aceptar y empezó a pensar de donde iba a sacar el dinero mientras regresaba a su casa, enfadado y triste; pensó millones de ideas pero ninguna era de utilidad.

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Resquicios de guerra Ocaso Sideral

Resquicios de guerra

Este relato va a acompañado de una reedición de Protocolo de cuarentena. Hemos actualizado el enlace en la entrada original, pero también vamos a añadir el siguiente botón para que se pueda descargar desde aquí. Esperamos que os guste esta nueva versión y la historia de Kalu, una de las PNJs que aparecen en la aventura.

El estruendo de los cazas bombarderos que arrasaban la ciudad ensordeció a Kalu, una muchacha recolectora que se había escondido en el sótano de la familia Leram. La estancia había acumulado demasiada porquería durante los años de buena cosecha: cómodas de madera auténtica, sábanas de tela sideral, candelabros de metal estelar, pero no había por ningún lugar un arma. Kalu sabía lo que iba a suceder: los soldados imperiales iban a saquear todos los hogares que quedasen en pie y se iban a repartir a las chiquillas que hubiesen sobrevivido a la lluvia de infierno. Ella no lo iba a permitirlo, pero no era más que una recolectora del estrato más pobre de su sociedad.

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La condena del Indolente

La condena del Indolente

El resplandor verdoso procedente de la espada de luz le cegó durante unos instantes. Aguantó la respiración mientras el filo de plasma le acariciaba el cuello y galvanizaba parte de su piel expuesta, pero no perdió la compostura mientras su antiguo maestro. El ídolo al que había colocado en un pedestal metafórico, se jactaba de su evidente y nefasta corrupción.

– Ah, la virtud. El emblema imaginario que nos plantó Jan hace siglos y que nos ha obligado a vagar por el universo sin rumbo. ¿Ves en mí a alguien virtuoso? – el hombre, ataviado con una túnica harapienta de color gris y con un aspecto desastroso, negó con la cabeza. – Te di una nueva oportunidad cuando los demás te la negaron. No me obligues a ejecutarte.

Las palabras del anciano resonaron por la cavernosa estancia en la que se encontraban. El joven le había perseguido por todo el cuadrante, hasta que pudo emboscarlo en una mina orbital. Las luces de servicio titilaban tenuemente, iluminando a duras penas la escena entre aquellos dos enemigos. A pesar de que creía no albergar dudas, el viejo tragó saliva en espera de una respuesta. Dichos momentos se diluyeron en sintonía con la tensión del ambiente, mientras los recuerdos inundaban su memoria.

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Una vida mejor Ocaso Sideral

Una vida mejor

Debido a la ingente necesidad de mano de obra barata y la complicada ubicación de las explotaciones mineras en los cuadrantes estelares, la Corporación Rayem diseñó las micro-cabinas de sueño, asfixiantes sarcófagos fabricados en plástico y pseudoacero, que permitían alojar a miles de trabajadores en un espacio reducido a cambio de sacrificar el confort más básico. Con la sensación de ser poco más que sardinas enlatadas esperando ser consumidas, los obreros y operarios de las estaciones orbitales renunciaban al calor del hogar a cambio de lugares de descanso compactos y de coste reducido.

Cada noche, tras haberse dado una relajante ducha de vacío, Galen se acurrucaba en su micro-cabina a perderse en las imágenes de su tecno-tablet, rememorando tiempos mejores en su planeta natal, Deugilia IX. Como tantos otros, Galen se había visto obligado a emigrar hacia las explotaciones mineras en busca de Créditos rápidos para pagar la interminable lista de deudas que su familia había contraído con el Imperio.

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