Estatua de Kaj 2Estatua de Kaj 2

La comida y bebida de la taberna estaban muy bien, pero algo en nuestro interior nos apremiaba a continuar nuestro camino. Muy a nuestro pesar abandonamos aquel pequeño remanso de paz y fuimos todos juntos hacia la gran mansión de Sangar Su. Elvin, que ya se había recorrido el pueblo mientras esperaba nuestra llegada, y Drostre capitaneaban el grupo. Ninguno de nosotros sabía lo que el hado nos tenía preparado.

La mansión se encontraba en el centro del pueblo y era la única construcción que tenía dos plantas y su decoración contrastaba con el ambiente agricultor del resto de las casas. No tenía pérdida. Antes de que pudiésemos picar la puerta con su ornamentada aldaba uno de los sirvientes nos abrió la puerta. Era un hombre de tez blanca que respondía al nombre de Velos. Nos presentamos y preguntamos por Sangar Su. Lamentablemente en ese momento su señor se encontraba descansando y no podía recibir visitas; no obstante nos ofrece pasar al salón para hacer la espera más amena.

La mansión era enorme y su decoración era fina y exquisita, no había nada de mi gusto. Aunque Sangar Su fuese un guerrero gondoriano se notaba que había invertido toda su fortuna en lograr tener un hogar acogedor y reconfortante ―bajo su criterio― donde poder descansar hasta el final de sus días. El salón estaba decorado con diversas armas ancladas en la pared, adornos de caza, estanterías llenas de libros… todo estaba bien colocado y en su lugar. Antes de que el sirviente nos dejase solos en el salón Elvin le preguntó por Drainar, el otro sirviente con el que había hablado a primera hora de la mañana. Nos informa que en ese momento no estaba en el hogar, que se había ido a comprar. Parecía que Elvin tenía ganas de que lo conociese Drostre.

Sin decirnos mucho más abandonó el salón cerrando las puertas tras de sí. Pudimos oír un leve chasquido. Efectivamente, el sirviente Velos nos había encerrado en el salón. Si Yogurta ya estaba enfadado por pisar la casa de un gondoriano ―recordemos que él era de origen haradrim― le sumábamos que ese mismo gondoriano tenía servidumbre y encima le encerraban como si fuese un vulgar ratero no ayudó nada en absoluto haciendo que su enfado explotara. Y antes de que se pusiese a destrozar cosas y pegar gritos Pókope y Ramploncín se acercaron a la puerta para intentar abrirla. Fue como un juego para ellos, no se trataba más que de una simple cerradura y ellos eran los mejores en esto en toda la Tierra Media.

Elvin decidió asomarse al distribuidor de la planta baja y pudo escuchar la conversación del sirviente con su dueño; este le informaba que un grupo extraño de viajeros había venido a verle. Pocos instantes después entraba corriendo de nuevo al salón y pudimos oír cómo se acercaban pasos. El sirviente Velos entró primero. Se detuvo unos instantes en el vano de la puerta extrañado y pudimos leer en su cara el gesto «juraría que había cerrado la puerta con llave». Con una reverencia dio paso a Sangar Su. Por fin pudimos conocer a ese gondoriano que en unas pocas horas se había hecho tan famoso para nosotros. Era un señor muy grande, alto y atlético. Las canas llenaban su cabeza y apenas quedaba ya rastro de su color de pelo original. Tenía una cojera en la pierna izquierda muy acentuada, seguramente resultado de alguna herida de batalla mal curada.

Yogurta no le dirigió ni una sola mirada y permaneció todo el rato mirando por la ventana dándole la espalda, pero no pasó desapercibido para el guerrero de Gondor, ya que la tez de Yogurta delataba su origen. El ambiente se caldeó mucho más cuando el señor de la mansión nos preguntó por qué habíamos traído a un esclavo con nosotros ―señalando a Yogurta―. Éste se dio la vuelta de un salto con los ojos inyectados en ira. Todos contuvimos el aliento y agarramos fuerte el mango de nuestras armas. Es posible que tuviese las respuestas que necesitábamos pero nadie podía meterse así con uno de nosotros. Ramploncín por si fuese necesario tocó su cuerno, pero la tensión pudo con él y no afinó bien las notas sonando desafinado y sin surtir efecto en nosotros. Permanecí expectante por el siguiente movimiento que realizase Yogurta ―aunque estaba sujeto por Korko y Drostre― ya que la decisión que tomase yo le seguiría hasta el final. Pero sabiamente permaneció mirándole inquisitivamente.

Por fin Sangar Su rompió el silencio y decidió tomar una postura menos agresiva hacia nosotros. Todo héroe sabe cuándo no puede ganar una batalla. Nos preguntó por qué estamos allí. Un poco más relajados le explicamos nuestras gran gesta: encerrar a Kaj en su prisión para siempre. Puso cara de no creernos demasiado, ya que con anterioridad venía mucha gente a su casa asegurando que tenía la verdadera estatuilla de Kaj, pensando quizá que había algún tipo de recompensa.

Nos confesó que sus viejas heridas le estaban pasando factura y no podía permanecer mucho tiempo en pie. Toda la tensión anterior le había levantado un terrible dolor de cabeza y se disculpó para retirarse a sus aposentos, no sin antes ofrecernos su «hospitalidad» para pasar allí la noche. La verdad es que no nos fiábamos al cien por cien de él así que decidimos permanecer todos juntos en la misma habitación. Investigamos un poco las habitaciones que pudimos. La casa nos parecía más o menos limpia, todo estaba abierto y no hay puertas cerradas. Parecía que no quería ocultar nada.

Pasó el tiempo y la noche comenzó a oscurecerlo todo. Estábamos en nuestra habitación debatiendo qué hacer a continuación cuando Velos nos sorprendió diciendo que la cena estaba lista. No nos esperábamos tanta hospitalidad. Helga y yo aceptamos sin pensarlo dos veces ya que nuestros estómagos rugían con fuerza. De vuelta en el piso de abajo y en el comedor, Yoguta le preguntó a Velos por qué estaba ahí y por qué era un esclavo de un gondoriano. Nos contó que antes vivía en el pueblo. Sangar Su llegó hacía unos quince años y desde su llegada siempre ha intentado ayudar a la gente del pueblo, por eso es muy querido por todos. Al enterarse que hace unos seis meses se quedó sin su escudero, Globian, el jefe del pueblo y amigo de ambos, le animó a trabajar para él.

Mientras conversaban entró en el comedor el otro sirviente con la cena. Drainar era un variag como Drostre. Se sorprendieron gratamente y comenzaron a hablar en variag. Reían y se preguntaban cosas así que supuse que serían hablarían de banalidades de su tierra. Por estos lares era muy complicado encontrarse un variag, así que coincidiesen dos era cosa del destino. Al terminar de cenar, y una vez solos sin la presencia de los esclavos, Elvin nos contó que a donde llevamos la estatuilla no es un buen lugar ya que el sortilegio que la mantenía adormilada ya no estaba activo. Una sombra de preocupación comenzó a crecer en nuestros corazones y el peso de la responsabilidad cayó como un jarro de agua fría.

Sin esperarlo Drainar entró en mitad de la conversación. Su señor se había levantado de nuevo y nos esperaba en su sala de estudios.

¿Qué tenía que decirnos? Habíamos llegado aquí para encontrar respuestas y no nos iríamos sin ellas.

Contínuará


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Relato resultante de las jornadas de rol en Hondón de las Nieves (Junio 2018). Ambientación: Tierra Media. Sistema: Rolemaster.

Imagen: Large mansion interior por Matt Hubel en ArtStation.com

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