Paseo de media noche

Tu respiración entrecortada ensordece tus oídos, ya que estos no están acostumbrados a la calma de la noche. Poco a poco las sombras de los árboles dibujan en tu mente formas y figuras terroríficamente imposibles de entender para alguien tan cuerdo como tú.

Comienzas a acelerar el paso deseando estar ya en casa y poder olvidar el estrés del trabajo. Pero el silencio taladra aún más tus tímpanos, tanto que no oyes ni tu propia respiración.

De repente un escalofrío helado te recorre la espalda y tienes la sensación de que alguien te sigue. Dudas durante unos instantes debatiendo con tu lado racional. Pero pierdes y miras atrás nervioso sin dejar de caminar.

―No hay nadie

Te dices en voz alta y continuas andando. Pero no puedes evitar al doblar la esquina pararte y volver a comprobar que efectivamente no hay nadie. Te asomas conteniendo la respiración.

¡Y ahí está!

―Mierda, lo sabía…

Una figura que se te antoja humana se acerca. Reanudas tu camino lo más rápido posible. Pero la figura es más rápida que tu. Te sigue de cerca. Tan cerca que vuestras sombras se funden en una. Tan cerca que la sangre palpita fuertemente tu cabeza apremiándote a que salgas corriendo. Tan cerca que no lo haces.

A escasos metros de tu portal la figura te adelanta. Bajo el sombrero de copa ves los rasgos de un hombre mayor con cara de preocupación. Al pasar a tu lado ni se da cuenta de tu presencia. Huele a tabaco y a colonia barata. Farfulla algo que no logras oír.

Llegas a casa. Exhausto. Te cambias de ropa y te relajas mientras de fondo suena tu grupo favorito del playlist que tienes preparado. La idea de que alguien te persiguiera se te antoja ahora infantil e irrisoria. Pero te das cuenta de que la sensación de que alguien te observa aún no ha desaparecido…


Imagen: Wolf II

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