Capítulo 2

Las profundidades de la Montaña Roja II

Sin pensárselo dos veces Derrick bajó el primero, y si no llega a no ser porque no había luz tanto Neal como Leylak jurarían que no había usado la cuerda para bajar.

―No os preocupéis ―dijo Issobell― creo que solo me he torcido el tobillo. Estoy bien…

Una vez abajo Neal sacó una antorcha para poder iluminar la zona y la dejó encajada en una grieta de la pared. Al hacerse la luz vio que Derrick ayudaba a su hermana a levantarse. Se preocupó en que no resbalase de nuevo, pero ambos estaban empapados.

―¡Subidla! Un poco más adelante hay una zona seca― Leylak aún estaba arriba.

Derrick se quedó abajo por si volvía a pasar algo parecido. Por la segunda cuerda iba subiendo Neal ayudando a Issobell, y desde arriba Leylak tiraba a pulso de la cuerda a la que estaba atada la humana. Una vez todos arriba y en un lugar seco, hicieron un fuego para secar sus ropas y descansar un poco. Issobell comenzó a murmurar una de sus plegarias y comenzó a rodearla una luz muy tenue plateada. Meditó unos minutos y tras finalizar su rezo la luz desapareció.

―Descansemos. ―Leylak estaba apoyada en una de las paredes y rebuscando en su mochila sacó un mapa. Neal se sentó a su lado y los rodeó a los dos con una manta.

―¿Es el mapa del rey que encontraste?

―Sí.

―Con la cantidad de veces que os he visto estudiarlo ya debería sabérselo de memoria. ―dijo sonriendo, nunca sabía cómo mantener una conversación relajada con ella sin que su genio orco venciese a su lado humano.

―No las suficientes. El rey lleva desaparecido casi una luna, todo apunta que se adentró en la montaña. Si se ha perdido aquí dentro no puedo permitirme que nos perdamos nosotros también por un fallo. Hay muchas cavernas en el interior de una montaña, ya deberías saberlo.

―Estaremos bien y lo encontraremos, no os preocupéis, mi señora. Deberíamos descansar. Va a ser muy difícil llevar el paso del tiempo aquí dentro. ―dijo Neal mientras se acomodaba como podía para dormir.

Leylak resopló sin dejar de mirar el mapa. Cuando todos durmieron ella redujo el fuego al mínimo para mantenerlos calientes. Frente a ella descansaban los hermanos. Se paró un instante a contemplar a Derrick. Su rubio era un poco más intenso que el de Issobell y era tan delgado como su hermana pero mucho más alto. Siempre le había llamado la atención cómo ambos habían cuidado el uno del otro, ya que depender de alguien o que dependan de ti era un símbolo de debilidad en su cultura. Pero no pudo evitar por un momento sentir añoranza de algo que nunca tuvo. Se sorprendió al darse cuenta de ello, movió la cabeza de un lado a otro para que la idea no volviera y enfada consigo misma agarró fuerte su bastón y decidió echar una cabezada.

Podrían haber pasado tres, cuatro o cinco horas cuando de repente un lejano pero ruidoso estruendo les despertó. Sin mediar palabra, Leylak indicó que era hora de volver a ponerse en marcha. No volvieron a oír nada pero avanzaron un poco en descenso hasta que la caverna se abrió ante ellos. Aparecieron en una estancia gigante. La caverna estaba llena de grandes rocas y puntiagudas estalagmitas y del techo caían estalactitas, y de algún sitio se lograba colar una luz tenue que les permitía hacerse una idea de lo grande que era el lugar. De fondo lo único que oían era un silencio aterrador, que de cuando en cuando lo rompía un tímido silbido del viento o alguna gota caer sobre algún charco aquí o allá. Mil posibles caminos se abrían ahora ante ellos pero Leylak señaló un camino que comenzaba a descender y se perdía a lo lejos.

Tras andar durante varias horas por holgados pasillos que poco a poco sus paredes se oscurecían más y más algo llamó la atención de Derrick que se adelantó al grupo. Llegaron a una estancia muy amplia tiznada de negro en la cual el pícaro se paró en seco a la mitad y los miró con horror. Entre ellos cayó de un zona superior una abominable mole de pelo que provocó un pequeño terremoto derribándolos a todos al suelo. El monstruo se asemejaba a un oso gigante de ocho metros de alto, pero su hocico era alargado y tenía cuatro brazos que terminaban en enormes pinzas de las que colgaban restos putrefactos de carne.

Leylak reconoció al instante que se trataba de un glabrezu, un demonio elemental muy inteligente cuyo único objetivo es sembrar la destrucción de todo lo que se interponga en su camino, y ese obstáculo ahora era Derrick. Para llamar la atención del glabrezu lanzó un brillante rayo que atravesó la estancia e impactó contra el monstruo dejándolo algo aturdido. Derrick aprovechó la distracción para correr hacia el grupo, o al menos para llegar a Neal, que estaba más adelantado al resto. Pasó junto al demonio elemental pero no estaba del todo atontado y con una de sus enormes pinzas inferiores lo apresó por las piernas; alzándolo y aferrándolo con la opuesta superior comenzó a hablarle en rasmálico, la lengua de los demonios, pero sin dejar de mirar al grupo. Derrick intentaba zafarse de la presa sin dejar de gritar el nombre de su hermana, pero poco a poco las palabras iban haciendo efecto en él hasta que perdió todas sus fuerzas y lo único que hacía era balbucear. Neal se lanzó contra el glabrezu gritando el nombre de su amigo y con un golpe devastador le asestó un enorme tajo en el talón. Tras el corte un abundante chorro de sangre lo bañó. Se limpió la sangre a tiempo para ver cómo Issobell lanzaba una plegaria a su hermano y cómo este era recubierto por una especie de escudo divino que lo protegería contra cualquier ataque.

Leylak estaba enfurecida y se temía lo peor. De su mano emanó un sello mágico de color verde que avanzó veloz al señalar a la bestia. El glabrezu consiguió esquivar el ataque pero no lo suficientemente rápido e impactó en su cara, derritiendo gran parte de la mandíbula entre borboteos de carne, hueso y sangre. La herida comenzó a supurar ponzoña venenosa. Lanzó un gran aullido de dolor y sus ojos se inyectaron en ira, nunca habían conseguido herirle como ese grupo lo estaba haciendo ahora y descargando toda su rabia cerró sus pinzas despedazando a Derrick en tres partes.

―¡Corred!

Gritó Leylak al grupo mientras comenzaba a escapar de la estancia. Neal estaba paralizado por la escena que estaban contemplando sus ojos. Issobell no podía creer lo que estaba pasando y rompió a llorar cuando vio caer los trozos de su hermano al suelo. El glabrezu cargó contra ellos.

―¡Corred, idiotas corred! ¡Hay que salir de aquí ya!

Volvió a exhortar al grupo gritando a pleno pulmón. Neal volvió en sí y corrió hacia el pasillo por el que habían entrado pero vio como Issobell lloraba en el suelo. Al pasar a su lado la levantó y se la cargó al hombro. El glabrezu estaba muy cerca de ellos. Issobell gritó de rabia y un escudo de energía divina los envolvió a tiempo de parar un rayo de color púrpura lanzado hacia ellos. Unos metros más adelante vieron como el pasillo se bifurcaba y estrechaba. Esperando que fuera más estrecho según avanzaran optaron por cambiar de dirección. Neal dejó a Issobell en el suelo y poder huir más rápido los tres. El glabrezu aún los seguía, pero por alguna extraña razón había aminorado el paso. Sin tiempo de reaccionar cayeron por una caída que conectaba con un caudaloso río. La corriente era muy fuerte, no les dejó acercarse a la orilla y más de una vez estuvieron bajo el agua más tiempo de lo que los pulmones podían aguantar. Según avanzaban la fuerza del río era mayor, al igual que los golpes, rozaduras y cortes que sufrían por las rocas al no poder evitarlas.

La corriente les llevó hacia una de las cataratas del río principal de Lumensolis. Lograron llegar a la orilla a duras penas mientras el sol se ponía de nuevo en el horizonte. Leylak se quedó mirando a la Montaña Roja. No sabrían decir cuánto tiempo estuvieron en el río o el que había transcurrido desde que entraron, pero sabía que parte de ellos se había quedado allí dentro.

 


Continuar con la historia


Imagen: Demon gnoll attack por Emortal982.

 

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