Cyberpunkalíptico

Cyberpunkalíptico

Cuando nos dicen “Cyberpunk”, automáticamente pensamos en neones, grandes edificios luminosos, hologramas publicitarios con geishas ofreciendo noodles… Sí. Todo eso está muy bien, ha calado hondo en nuestro subconsciente.

También pensamos en crestas de colores fluor, chupas de cuero con parches y luces LED, brazos cromados,  motos con ruedas brillantes que dejan rastro como en Tron…

Cuándo nos dicen postcataclismo, bueno…igual…no pensamos en nada de primeras , no. Pero ¿Si nos dicen Mad Max? Ah amigo, ahí pensamos en el desierto, polvo, tipos con crestas de colores, chupas de cuero y cadenas, motos de cross a toda pastilla, booguis, el brazo ortopédico de Furiosa…

Un momento, ¿por qué pienso en prácticamente lo mismo? Sólo cambio los rascacielos por un secarral. ¿Habré estado errado todo éste tiempo? ¿Podría ser lo mismo y me lo han vendido como dos cosas diferentes?

Cuando me pongo a escribir mis partidas amateurs de rol, ambientadas en mundos cyberpunk, o incluso jugando videojuegos, leyendo libros o viendo películas del género… En un futuro cercano y distópico donde la tecnología invade lo cotidiano, no creo que todo sean bombillitas de colores y vehículos voladores. De hecho, no creo que el futuro cercano llegue sin ninguna catástrofe previa, del estilo cataclismo. Entonces, ¿Son compatibles las distopías postcataclísmicas con las cyberpunk? ¿Una pasa primero por la otra? He creído llegar a la conclusión, de que nos imaginamos ambas con mucho Punk. Ecopunk, greenpunk, cyberpunk, steampunk… Punk!

La línea que separa un subgénero del otro es tan, tan fina, que es demasiado fácil romperla. Y es que a los humanos nos encanta catalogarlo todo, poner etiquetas, crear grupos y subgrupos. Y yo, sospecho que tiene que ver con nuestra necesidad de sentirnos parte de algo, o de compartir lo que conocemos y disfrutamos con otros especímenes de una forma privativa, ponernos nombres, apodos, títulos y rangos. Odio esta actitud humana, pero soy víctima de la misma sin duda alguna, lo reconozco, aunque prefiero no socializar con el fanfarroneo y la endogamia que en muchas ocasiones conlleva y que practican grupos herméticos y ostracistas de algo tan nimio como es un hobby.

De cualquier modo, ese afán clasificatorio me sirve como perfecta excusa para ponerme a escribir de algo que me gusta, me llena y me abstrae de mis problemas y “qué haceres” cotidianos. Así que ni tan corto ni tan largo, y dejémonos de rollos filologaitas, y compartamos opiniones e ideas inspiradoras entre todos y todas. Yo tan solo me he animado a abrir la veda por escrito, para pasarlo bien.

¿De verdad creéis que llegaría la sociedad actual a una fantasía científica y distópica, ultra tecnológica pero decadente, sin pasar antes por un cataclismo o por una gran hecatombe que cambiase la sociedad tal y como la conocemos hoy? Creo que sería inviable, lo que convierte lo postapocalíptico y lo cyberpunk en distopías coetáneas ideales para mezclar y aderezar en nuestros relatos y partidas.

Cyberpunk hace siempre mucho hincapié en que es una sociedad superviviente y decadente, pero  rara vez nos enseñan en sus películas y novelas cómo han llegado a eso, no suelen ponernos en precedentes de una línea temporal, o si acaso, muy por encima. Todo universo cyberpunk se basa en la trilladísima distopía de que los ricos son más ricos, los pobres más pobres, los gobiernos títeres de las grandes compañías capitalistas, y que la vida en general es una mierda autoconsumista en ciudades megapobladas (Sprawl), super conurbaciones, ghettos y slums kilométricos, donde moran busca vidas y antihéroes adictos a esto y a lo otro, que al final se convierten en protagonistas del technocuento, sin esfuerzo ni voluntad, muchas veces cohibidos, manipulados, o movidos por la ambición o la venganza. Una deshumanización total y absoluta, sálvese quien pueda y tonto el último.

Para llegar, del presente a una situación similar, imagino disturbios, sangre en las calles, civiles contra fuerzas del estado, corrupción, civiles contra civiles, dramas familiares, paro, la clase media perdiéndolo todo, hambruna, enfermedad, represión… Suena bastante feo, sin tsunamis ni súper virus devoradores de carne.

Akira, obra magna donde las haya, clasificada por todo kiske como joya de la corona cyberpunk. ¿En serio? ¿De verdad? ¿No le pega más joya de la corona postapocalíptica? Más que nada porque no es la tecnología lo que lleva a Neo Tokyo a su segunda destrucción masiva, es Tetsuo, fruto de un experimento psíquico y el efecto de nuevos fármacos. Suena a algo mucho más MK Ultra ido de madre, que a una obra cyberpunk sólo por que la moto de Kaneda mola mucho, y sucede en un futuro cercano (en un ayer anacrónico mejor dicho a fecha de hoy). Pero cyberpunk, cyberpunk… Y ojo que soy un enamorado de la obra, pero analicémoslo. No hay redes de datos, no hay aumentos cibernéticos. Lo que hay en Neotokyo es ese caldo de cultivo de descontento en la sociedad, como hablábamos antes, detonador del más posible y aterrador de los apocalípsis, un gobierno mentiroso, pandillas callejeras, un crío psiónico mutante…. vaya….si hago resumen igual tiene más puntos en común con Mad Max que con Neuromante, y aún así todos lo aceptamos como cyberpunk.

Uno de los motivos más simples y factibles que se me ocurren para llegar a un futuro cataclísmico, son la política y la economía, simple y llanamente. Cuando los gobiernos son incapaces de cumplir con sus promesas, el déficit es galopante y la tesorería tiene más goteras año tras año y al final todo se va al garete. La tecnología es una larga y negra sombra sobre los puestos de trabajo realizados por humanos, en cadenas de montaje, en telemarketing, en logística… un dron nos trae la compra a la puerta de casa, los electrodomésticos se fabrican solos en cadenas de montaje robotizadas, nos movemos en robotaxis que se autoconducen por GPS o transportes públicos sin conductor, automatizados, y el paro aumenta. El pobre cada vez es más pobre, el rico más rico, el pobre no tiene dinero para mandar a sus hijos pobres a la escuela, por lo que no aprenderán nada en lo que poder trabajar, sin fuentes de ingresos no hay vivienda, no hay comida… me voy imaginando grupos nómadas vagando por las carreteras, sin hogar, al margen de la ley, proscritos en cualquier núcleo urbano, neo cíngaros. O Barriadas okupas, al margen del circuito económico de las élites, que sobreviven con anticuado papel moneda o trueque. Todo lo que quede fuera del núcleo urbano será poco menos que el 4º mundo dentro del 1º mundo. Y generación tras generación su situación empeoraría. Hay un paso a los clanes de la carretera que imaginó Miller. Un ejemplo de cómo todo se puede ir al traste de una forma tan lógica y fácil de imaginar, es la novela “Apocalipsis suave” que os recomiendo.

Hace no mucho leía  también “Islas en la red”, una de esas novelas que conforman el Sancto sanctorum del Cyberpunk según los expertos (Dios me libre de considerarme uno de ellos), un libro (no spoiler) en el que en un futuro cercano, un matrimonio normal y corriente, empleados ambos en una gran megacorporación de múltiples intereses globales, se ven envueltos en un thriller empresarial de magnitudes internacionales. Es una lectura, que quedaría orbitando del sol cyberpunk en la más lejana de sus circunferencias, según mi gusto, ya que pese a que la tecnología soñada es presentada página tras página del libro, carece de protagonismo frente a las tramas socio económicas, los atentados de falsa bandera y las luchas de intereses entre gobiernos y zaibatsus. La lectura viene al caso por que presentan el cyberpunk en países en vías de desarrollo, como por ejemplo, emplazamientos caribeños, que no están llenos de rascacielos fosforitos precisamente. El tercer mundo, también tiene derecho a ser cyberpunk. El futuro, no excluirá a naciones en vías de desarrollo ni al tercer mundo, y las naciones en esa situación, podrían parecerse más a un entorno postapocalíptico con tecnología de contrabando, que a Megaciudad. ¿Y si todo el globo llegase a ser tercer mundo entonces?

De aquí en adelante, asumo que lo más fácil para que un futuro postcataclísmico sea compatible con el cyberpunk es precisamente, y una vez más, el ying y el yang del que ya he hablado anteriormente aquí en la casa que me da cobijo, El Naufragio. El cyberpunk vive gracias a la cara A y la cara B de una sociedad futura. Ricos y pobres, ovejas y punks, seguidores y rebeldes. Todo gira en torno al Punk. Una parte de la humanidad siempre seguirá dominando a la otra, tras una pantalla bursátil, o a perdigonazo limpio. La sociedad  siempre queda dividida en dos, lobos y ovejas. Por eso necesitamos Punks entre las ovejas, ovejas negras capaces de hacer frente al lobo aunque sepan que acabarán devoradas, total, no tienen nada que perder.

El propio Gibson, padre del cyberpunk, creó en Mona Lisa Acelerada, un entorno desolado y underground llamado Dogg Solittude, un yermo frío salpicado de basura, charcas congeladas, y naves industriales okupadas por bandas salvajes fuera del exuberante y tecnológico Sprawl.

Esas fronteras suelen estar bien marcadas en todas estas referencias distópicas. Podemos fijarnos en Alitta Battle Angel, donde la mugre asalvajada vive en un yermo de chatarra y basura sin ley llamado El Patio de los Desperdicios, y la gente bien, vive en una ciudad aérea llamada Tifares. Algo muy similar a la película Elyisum.

Encontramos fronteras también en Juez Dredd, dónde el gran Muro separa Megacity del desierto atómico y sus habitantes, punkies pandilleros, mutantes y otras bestias lisérgicas fruto de la radiación.

Y todos los ciudadanos de la parte pobre, son el Punk. Son ira, envidia, odio, frustración, rabia, hambre, ignorancia y violencia.

Así que todo el que no viva en el ying, vivirá en el yang, en el punk, fuera de los rascacielos, los luminosos Times Square, los vehículos aéreos, los sirvientes sintéticos y las nanocirujías estéticas. Lo harán entre basura, chatarra, vehículos terrestres reensamblados docenas de veces para alargar su vida útil, chabolas y ruinas okupas. Puro postcataclísmo en realidad.

¿Qué más podemos imaginar que nos llevaría hasta ese cataclísmo?

Las materias primas son otro asunto que podría desembocar un cataclismo social y devolver a la humanidad civilazada a la edad de piedra. El agua potable, por ejemplo, es un bien escaso ya en algunas partes del globo, como el centro y sur de EEUU dentro del propio autodenominado 1º mundo. ¿Y si nos quedásemos sin agua? Apaga y vámonos. Tráfico de agua, mafias del agua, guerras del agua. En “Cuchillo de agua” de Bacigalupi, es una novela en la que no hay un amplio despliegue tecnológico en sus hojas, ambientadas en un futuro cercano, pero en su Arizona ficticia, la escasez de agua potable y la corrupción que rodea al líquido elemento, son de nuevo un desencadenante cataclísmico que transforma la sociedad occidental, llevándola al borde más afilado de la navaja, al más inhumano y criminal, en el que un litro de agua potable, vale más que un puñado de vidas humanas.

El agua  también en el motor del conflicto en el comic “We Stand On Guard”, otra distopía con toques cyberpunk.

El propio Miller, una vez más, comenzaba el santo grial de las ficciones postcataclísmo con la escasez de combustible como piedra angular.

Porque sí, claro, puede que todo se vaya al traste de una forma mucho más sonada, explosiones, misiles, bombas H. Claro que sí. Si hay un ejemplo que nos enseña que el ser humano sería capaz de resurgir de sus cenizas es Japón, por lo que una guerra atómica es otro supuesto a la hora de crear una excusa para que nuestro mundo cyberpunk sea un yermo dificilmente habitable.

Recurriendo a Miller de nuevo, en la segunda entrega del guerrero de la carretera, optó por este apocalípsis nuclear total, devolviendo a la humanidad casi a la edad de piedra, dejando atrás su coqueteo con el denominado “Apocalípsis Suave” del que hablábamos antes, imaginando una Australia anárquica y corrupta en la que la escasez de combustible era la chispa del caos y la barbarie, y lanzándose en bomba a la piscina de los armagedones, transportando a Rockatansky al paleolítico del motor V6. Ahí si que no había ordenadores, ni redes de datos, ni nada de nada, ballestas, escopetas, motos de cross y corvettes tunneados. Sin embargo, llega Fury Road, y Furiosa tiene una protesis “cibernética” .. o más o menos… una pizca cyber muy punk en un mundo cataclísmico. Vuelven a darse la mano estos dos géneros. Parece que no saben vivir el uno sin el otro, les gusta guiñarse el ojo cuanto menos.

En otros clásicos del género, como “Hardwired”, nos hablan de que la Tierra (o parte de ella, normalmente grandes naciones civilizadas como los EEUU o Europa) ha sido bombardeada con meteoritos en una guerra entre las corporaciones y el gobierno, gracias a cañones de masa orbitales (o ingenios del mal similares) que desde allí arriba lanzaban enormes pedazos de roca al viejo planeta azul (más barato y efectivo que las armas nucleares claro).  Así, a lo bestia, sin paños calientes. Si a los dinosaurios les extinguieron un par de pedruscos, pues imaginaros un Zaibatsu entero lanzando asteroides a Washington D.C. y La Costa Oeste, el resultado posterior para los que se quedan viviendo abajo, por mucha tecnología que tengan, debe ser divertidísimo.

El propio Philip K. Dick en “Sueñan los androides con…” Bla, bla, bla, nos presentaba una costa oeste cubierta de polvo radioactivo, prácticamente deshabitada, con una población civil empleada (nueva clase media) que vivía de okupa y sufrían enfermedades derivadas del “polvo”. Pero tenían vehículos voladores, pornochachos replicantes y máquinas de realidad virtual. El futuro da una de cal y una de arena. Nos morimos de cáncer pero tenemos mascotas sintéticas. Qué ilusión.

Son casos muy cyber cataclísmicos ¿No?.

Me planto sin embargo, en el asunto “mutantes”. Que el apocalípsis bélico u atómico, nos deparase un futuro  mundo devastado habitado por criaturas inimaginables, es donde yo, personalmente, echo el freno. No se vosotros, pero un devastado erial postatómico habitado por mutantes y supervivientes, ya creo que queda un pelín fuera de lo que el cajón del cyberpunk demanda. Para eso tenemos otras referencias de ocio como Metro 2033, Punkapocaliptic, Tormeggido, Necromunda,  Borderlands, Wastelands, Fallout o Rage. ¿Qué opináis? ¿Estoy siendo demasiado papista?

Así que tenemos claro que todos vivimos actualmente bajo la infinita sombra del meteorito que pasa muy cerca de la Tierra, los virus que pasan de animales a humanos, la escasez de agua, el deshielo de los casquetes polares, la caída de la bolsa, el botón rojo de una megapotencia, la desintegración de la capa de ozono por culpa del diesel… Oh sí, las noticias se encargan de engordar nuestro miedo y nuestra imaginación a diario, no hace falta ver películas de zombies ni invasiones aliens.

Concluyo entonces, que los hábitats postcataclísmicos han de existir en el cyberpunk. El manual adicional de R. Talsorian Games “Neotribus” dió ese paso adelante en un volumen de nuevas reglas y miscelánea de tribus nómadas, que con distintas estéticas tribales, a lo niños del mañana mañana, o El Puño de la Estrella del Norte, recorren las autopistas que unen las megaurbes en convoyes familiares de motos, pick ups y auto-caravanas. ¿Qué diferencia hay entre eso y Mad Max? Que en Mad Max no llegarán nunca a una ciudad tecnológicamente avanzada, ya, a no ser que el infierno nuclear sólo afectase a Oceanía, igual viven de lujo en el resto del globo y Miller pasa de profundizar en eso. A fin de cuentas ¿sería necesario? ¡No! ¿Para qué? Vemos Mad Max y pensamos que todo el planeta Tierra ha sufrido la misma suerte, de hecho, nos importa un bledo que la película suceda en Australia, automáticamente nos ponemos en el papel de que todo ha sido aniquilado.

Basándome en ese pretexto, comencé la campaña titulada “Desert Chrome” con el reglamento Cyberpunk 2020 de R. Talsorian Games. No quise encerrar a mis PJ’s en un laberinto de rascacielos brillantes, clubs de striptease y barriadas de crakeros en las afueras. Me los llevé al salvaje oeste del dos mil ciento y pico (ya no cuela lo del futuro distópico a corto plazo).

Bebí de todas estas fuentes de inspiración para crear mi propia visión de una Arizona, que ha dejado de formar parte de los EEUU tras un proceso de balcanización y rebeliones civiles internas que han desfragmentado  la cuna de la civilización moderna en un futuro cercano.

Mi nueva república independiente de Arizona se ha convertido en el patio de juegos de los criminales Mejicanos, que huyen a la nueva y pobre república carente de leyes de verdad para eludir la poca justicia panamericana que les persigue.

Es un erial abrasador y levemente radiactivo, pobre, seco, hiperpoblado tras la migración hace décadas de los supervivientes de los conflictos atómicos en California, Colorado, Y Tejas, que huyeron al único estado que les dio cobijo y ayuda humanitaria. Mientras, en la costa Sureste, una guerra civíl instauraba la Nueva unión de Estados Confederados, y lo que quedaba de los EEUU, de Nevada hacia arriba, cerraba las fronteras a sus compatriotas, alegando la imposibilidad de poder darles la ayuda humanitaria necesaria. Un país dividido en tres y los restos de una guerra contra las nuevas mega potencias asiáticas.

Convertí el estado de los Rangers y las leyendas del wild west, en el 4º Mundo cyberpunk, dirigido por un gobernador electo que alargaba su vida natural y mandato gracias a la tecnología, y donde Phoenix es lo más parecido a una gran ciudad moderna del nuevo siglo , si barremos la capa de polvo y arena que cubre sus barriadas okupas en torno al downtown. Dunas, cactus, nopales, rocas marrones, carreteras en línea recta que se pierden en el horizonte, y pequeños núcleos rurales diseminados por el desierto de Sonora.

Es un mundillo imaginario que da mucho más de sí que para una campaña de 9 partidas. Podría hacer 30 partidas, 40, un juego de rol nuevo entero con suplementos, o una novela. Pero no quería quedarme sólo ahí, y actualmente tengo a medias una ácida campaña cyberpunk en España, titulada Amstrad Red, más de bombers de neopreno en color chillón y cepelines con holopublicidades.

Sin embargo, no pretendo dejar aquí mi ensoñación de Arizona, quijotescamente alimentada por todas las referencias susodichas y en medida de lo posible, recuperaré una nueva campaña, relatos, o quién sabe qué, pero pretendo seguir retroalimentándome de mi fantasía cyberpunkapocalíptica.

Actualmente, estoy en proceso de remaquetar las primeras partidas que colgamos en El Naufragio hace ya 10 meses, porque aunque no soy un profesional, lo bien hecho, bien parece. Pero si no sois muy sibaritas, podéis empezar a jugar la campaña cuando queráis si mi artículo os ha despertado la curiosidad, os ha inspirado, o lo que sea.

Gracias por vuestro tiempo.


Imagen: Post-apocalíptico wallpaper.

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