Espíritus deíficos de Ylat

Hstet

Leyenda

Cuentan viejos cuentos que los mortales eran incapaces de obrar con maldad antes de la llegada de la magia. Después de la debacle cósmica que liberó la urdimbre por toda la tierra, los moradores comenzaron a pecar y a asesinar a sus congéneres por avaricia o lujuria.

Existió un joven mortal, que no se sabía si era hombre o mujer, de cabellos delicados y precioso rostro, que despertó los deseos más oscuros de una antigua y olvidada nación. Hermanos y primos lucharon entre sí por conquistar a tal belleza, y guerrearon hasta tal punto que se obliteraron entre ellos, únicamente para disfrute de aquel maquiavélico ser. El origen del pecado fue mucho más antiguo que el nacimiento de Hstet, pero sus tejemanejes lo coronaron como la Majestad de la Vileza en el momento en que se dio un festín con la sangre de sus enloquecidos amantes.

Tras la deleznable masacre que redujo a cenizas uno de los Primeros Reinos, Hstet se internó en unas cavernas decoradas con gemas resplandecientes y un agradable aroma. Un deseo sobrenatural lo arrastraba hacia las profundidades de aquellos pasadizos, pero gracias a su fuerza voluntad soportó la tentación y evitó caer en las garras de una monstruosa e intrigante criatura. Durante su huída, arrancó varias piedras refulgentes, que incrustaría en su cuerpo para recordar tal perturbadora e incoherente experiencia.

Los pulsos umbríos que resonaban por el Submundo se retorcían por su canre, y cada noche el Reino onírico tentaba con sueños reveladores y siniestros, hasta que el firmamento se desgarró, arrastrando a una entidad astral formada por pura entropía. La existencia de ese ser consumió toda la magia del mundo, despojando a Hstet de sus dones. Buscó refugio en los poderosos Espíritus deíficos que rondaban por la tierra protegiendo a los mortales, víctimas de asaltos de engendros deformes y maléficos.

Bajo el amparo de las alas del Dragón de los Días, su alma tiznada de oscuridad no tardó en resurgir en cuanto se presentó la oportunidad. Las misteriosas gemas brillantes que se trajo del Submundo comenzaron a corromper a los acólitos del Hijo de Kaeduin, y sus antiguos aliados, que le habían ofrecido santuario tras ser acosado durante décadas por las terribles fuerzas malignas, se volvieron en su contra. Pero no había perdido el tiempo, ya que tras varias décadas al servicio del bien, lo Pseudólogo reunió todo el poder que le fue arrebatado por la Devoradora del Conocimiento y se coronó de nuevo como el dirigente sombrío que siempre fue, engañando a varias naciones y hostigándolas para que se matasen bajo los celos que lo profesaban.

De no ser por la intervención de la Sombra del Bosque, el engaño de Hstet podría haber socavado los logros de los Espíritus deíficos en el Mundo de la carne. Derrotado de nuevo, la Majestad de la Vileza sucumbió a los susurros de las rocas resplandecientes y fue arrastrado más allá del cielo, dónde encontró un escondite tras la abominable prisión de la Quimera del Crepúsculo; rabió de furia durante tres décadas y tres lustros, expandiendo su odio por la tierra y jurando venganza contra los que lo exiliaron.

De vez en cuando, sus despreciables palabras aún se escuchan por el mundo, envenenando los oídos de los que la escuchan y dejándose llevar por el deseo.

La Majestad de la Vileza, lo Pseudólogo, el Cariño tras la Luna

  • Ideograma: Corazón rosado sobre tres rombos negros
  • Religión: Sectaria; capítulos conectados entre sí.
  • Devotos: Canallas, ciudadanos inmorales, practicantes del amor libre.
  • Moralidad: Inmoral. Culto al capricho y al deseo.

Adoración

Debido a los infames orígenes de Hstet, sus sectas se crean sobre la idea de que la libertad del individuo es más importante que las normas sociales, y la lucha del bien contra el mal es sólo una justificación para que el vil metal siga fluyendo. Obviamente, estas creencias benefician a la Majestad de la Vileza, pues sus poderes aumentan mientras la mezquindad continúe ensuciando a los mortales.

Conocido por ser el emperador de las mentiras, el príncipe del engaño y de la ambigüedad, es muy común que se formen camarillas en torno a su figura en las que se celebran orgías, engaños y cualquier tipo de maldad que haga temblar los pilares de una sociedad civilizada. Las parejas que engañan a sus cónyuges son elegidas por lo Pseudólogo para recibir sus despreciables dones, y aquellos de poca voluntad no tardan en ser arrastrados hacia la secta secreta más cercana.

Mientras que, generalmente, los cultos en honor a Hstet suelen ser coventículos de degeneración y pasiones desatadas, ciertos pueblos sureños suelen adorar a un aspecto más benevolente de este terrible Espíritu deífico, que viene a representar el amor platónico e incondicional de los jóvenes.

Avatar

Se cree que durante sus días como mortal, Hstet fue el capricho de varios caciques salvajes que confundían su belleza con la feminidad, y que su aspecto angelical fue lo que les enajenó. Pocos registros han quedado de los días como sirviente de la Luz del Amanecer, pero es una creencia común asumir que la Majestad de la Vileza tomaba el aspecto de un hombre joven, de cabellos largos y sedosos, con unos ojos penetrantes tan negros como el cielo nocturno.

Otras interpretaciones, mucho más actuales y lascivas, presentan a el Cariño tras la Luna como una bella mujer de pelo corto y rubio con un enorme y sugerente aparato reproductor masculino. Como la princesa de lo ambiguo, Hstet es reverenciada en muchas sectas lascivas, impulsadas por el único deseo de satisfacer sus perversiones.

Una ola rural de creyentes asumen que Hstet es en realidad la personificación deífica del amor y el descontrol juvenil, y creen que es la protectora de la fertilidad. Los ídolos tallados en madera de esta corriente de pensamiento dan a lo Pseudólogo un aspecto infantil, más cerca de una muñeca de trapo que de la criatura pérfida y viciosa que fue en vida.


Imagen: Androgynous raver en Pinterest (autor original no localizado en los rastreadores)

Maurick Starkvind

Aprendiz de escritor desde siempre, rolero empedernido desde los trece y nintendero desde los cinco. Empecé en esto de la creatividad porque no había dinero para los salones recreativos.

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