La Estatuilla Maldita 5

La estatuilla maldita: Parte cinco

Un último paro en el camino

Recuperar a Droste fue una gran alegría para todos y la estatuilla nos dio tregua al menos esa noche. Una vez en marcha de nuevo al Templo de Kaj no tardamos mucho en toparnos con una de las patrullas orcas que vimos en Criabul. Fueron un objetivo fácil, eran pocos y estaban descoordinados. La luz del día comenzaba a desvanecerse tras el horizonte cuando a lo lejos vimos lo que parecía otro asentamiento de casas. No aparecía en el mapa, como Criabul, pero en unas horas sería de noche y no parecía haber otra opción.

El lugar era bastante grande. Estaba formado por varios edificios de gran tamaño dispersos entre sí, con el camino central como punto de referencia al que estaban orientadas todas las casas. El lugar estaba abandonado y no habría estado mal del todo si no fuese porque allá donde mirases encontrabas una inscripción o una referencias a la estatuilla. Estaba claro que cada vez estábamos más cerca del templo, pero esa idea no hacía que un escalofrío recorriese mi espalda cada vez que me acordaba de ello.

No eran casas como tal. Sí, tenían puertas, ventanas, chimeneas… como una casa normal, pero eran muy alargadas y en más de una pudimos comprobar cuál fue su distribución original. Filas y filas de camas formando hileras y al fondo una pequeña cocina. Más bien parecían barracones en vez de casas. Pero, ¿barracones para qué y por qué? Estaba claro que el lugar llevaba muchísimo tiempo abandonado y, quizá, lo que quedaba de las gentes que una vez habitaron este lugar fueron los aldeanos de Criabul.

Al final del pueblo, un poco alejado de los barracones, se encontraba el cementerio. Como el resto del pueblo, éste también era bastante extenso. Pero al leer las lápidas lo que nos llamó la atención fue que en las tumbas habían sido enterradas todo tipo de razas, edades y gente oriunda de lo largo y ancho de la Tierra Media. Hacía tiempo que nadie las visitaba y muchas de ellas apenas eran ya un leve montículo de tierra más.

El tiempo apremiaba, acampar en mitad de la nada y con el templo tan cerca no era una opción que nos agradase mucho. Decidimos adecentar un poco el barrancón que se encontraba en mejores condiciones. Un par de tablones aquí y allá bastaron para que pudiésemos pasar una noche tranquila, al menos por un rato.

Un susurro y una mano diminuta me sacaron de mi descanso. Instintivamente estiré el brazo en busca de mi Martillo de Guerra pero era Ramplocin. Todos me miraban en silencio y el hobbit me señalaba hacia una de las ventanas que habíamos tapiado con tablones. Sin apenas hacer ruido miramos por la ventana y pudimos comprobar lo que estaba pasando fuera.

Las calles estaban repletas de esqueletos. Andaban sin rumbo fijo. A algunos le faltaban partes de cuerpos. Otros se topaban con algún objeto y caían deshaciéndose en polvo y huesos esparcidos  en el suelo.

Estuvimos tentados, muy tentados, en salir y deshacernos de ellos. Nunca antes me había enfrentado a esqueletos y esta podría ser una memorable primera vez. Pero algo nos decía que salir iba a ser una mala idea. Sin apenas movernos, y durmiendo poco, pudimos pasar la noche sin sobresaltos. Con las primeras luces del alba y estando las calles vacías de nuevo, salimos del barracón del que nos encontrábamos.

Ya no había señales de los esqueletos, el pueblo estaba como cuando lo encontramos. Excepto el cementerio. La tierra de las tumbas estaba revuelta, pero allí tampoco había ninguna otra señal de lo que había salido de ellas la noche anterior. Algo los había despertado, quizá la estatuilla o nuestra sola presencia. Quizá, como en Criabul, ellos también custodiaban el paso ante posibles amenazas, incluso en la muerte…

No quisimos tentar a la suerte otra noche más. Cansados, recogimos nuestras cosas y nos pusimos en camino. El último tramo del viaje. Según subíamos cuesta arriba el camino se iba estrechando hasta convertirse en un pequeño sendero.

Unas horas después, llegamos por fin al Templo de Kaj.

Moraba en el interior de una gran montaña. Sus puertas estaban talladas en la piedra, y a su lado una pequeña casucha abandonada.

 

CONTINUARÁ…

[Continuar leyendo el relato, la parte final se acerca]


Relato resultante de las jornadas de rol en Langa (30-06-2017 al 2-07-2017). Ambientación: Tierra Media. Sistema: Rolemaster.

Imagen: Life is Feudal por Nikolay Razuev. ArtStation.

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