Ngon

Ngon

Ngon posee un nombre curioso, y su pronunciación es harto complicada para los que tenemos los colmillos muy pronunciados. Padre insiste en que cada gatónido ha de tener su propio nombre, ya sea elegido o por bautismo, y este joven blanquinegro se parece tanto a Sheol que termino confundiéndoles. Mi regio pelaje me hace ser único, pero entre los miembros de la tribu hay patrones que se repiten. Supongo que es normal.

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Pakko

Pakko

Cuando nos vimos rodeados por los pieles verdes, me quedó claro que no actuaban por cuenta propia. Les dirigía uno de los nuestros, un joven enjuto y de puro nervio con ojos tan azules como el cielo. Esos asquerosos seres le llamaban Pakko, y bajo sus órdenes nos habían capturado a nosotros, los príncipes de la aldea gatónida. Su nombre sonaba simple y seco, como una piedra que choca contra tu frente.

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Talim

Talim

El nombre de mi hermana es muy melódico, me gusta como suena. Talim es la princesa morena de la aldea y sabe que lo es. Es caprichosa, presumida e imprudente, y no se lo piensa dos veces antes de incordiar a uno de nuestros vigías o colarse en las chozas de los comerciantes. Le encanta juguetear y no se toma la vida en serio; eso a veces le mete en problemas de los que no sabe salir. Pero tiene un montón de súbditos dispuestos a sacarle las nueces del fuego y eso le gusta.

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Cocky

Cocky

Desde que tengo uso de razón, el viejo Cocky ha sido igual de viejo. De largo y espeso pelaje gris, cara achatada y voz grave y profunda, en seguida te exige que no le molestes. Pero, tras ese velo mezcla de hostilidad y ceños fruncidos, uno se da cuenta de que su dolor es tan profundo como el bosque más antiguo y primitivo. Su nombre evoca palabras olvidadas para los nuestros, pues fue bautizado cuando todavía no escribíamos. Cocky no ha aprendido a escribir, dice que con saber dónde ha de dormir y dónde ha de dejar la pesca, es suficiente.

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Rony

“Nuestra sociedad se asienta sobre las raíces que Mushuki, la acechadora de las llanuras, nos dejó tras sumirse en su descanso eterno, en el corazón de este valle. Cuando la ceniza llenaba los pulmones de aquellos que caminaban sobre la tierra calcinada, ella viajó a través del carbón primordial para poner a salvo a sus cachorros hambrientos. Los amamantó bajo el acoso de bestias terribles, el azote de un clima inclemente y la escasez de alimento. Incluso en sus momentos de mayor debilidad, Mushuki nos protegió con su cuerpo famélico y sus ojos cansados y de sus garras surgieron las tierras más verdes y prósperas de la provincia. No podemos olvidar lo que ella hizo por nosotros, su progenie y debemos perseverar como protectores de su dádiva.”

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