Diario de Kael

Cocky

Desde que tengo uso de razón, el viejo Cocky ha sido igual de viejo. De largo y espeso pelaje gris, cara achatada y voz grave y profunda, en seguida te exige que no le molestes. Pero, tras ese velo mezcla de hostilidad y ceños fruncidos, uno se da cuenta de que su dolor es tan profundo como el bosque más antiguo y primitivo. Su nombre evoca palabras olvidadas para los nuestros, pues fue bautizado cuando todavía no escribíamos. Cocky no ha aprendido a escribir, dice que con saber dónde ha de dormir y dónde ha de dejar la pesca, es suficiente.

Más allá de su fachada malhumorada, se puede discernir el motivo de su actitud: siendo muy joven, fue capturado por una familia de humanos que lo llevaron hasta un amplio hogar. A pesar de haber sido tratado como una mascota –tal y como utilizamos nosotros a los ponis y a los halcones-insecto–, Cocky disfrutó de la comodidad de su vida lejos de las tierras salvajes. Pero no tardó en conocer la crueldad humana: unos asaltantes atacaron a Cocky y a su familia con un único fin: hacerse con las piedras brillantes y los redondos de metal.

Pudo sobrevivir gracias a la intervención de Padre, que lo salvó de una muerte segura desangrado. Aquellos asaltantes dieron una muerte rápida a los humanos, pero con Cocky se divirtieron tras arrancarle, una a una, sus garras delanteras. Le dejaron a su suerte para que enloqueciese mientras se retorcía de dolor. Desde entonces, odia a la raza humana con todo su ser; no me extrañaría que hubiese preparado trampas mortales para cualquier intruso que osase entrar en sus terrenos de caza.

Cocky es muy querido por todos nosotros en la aldea. Es un buen pescador, mejor guerrero –a pesar de su ausencia de garras- y suele contar unas historias geniales. Padre le considera uno de sus mejores aliados. Si algo ocurriese, estoy seguro de que Cocky podría encargarse de ello sin despeinarse; después de todo, no le tiene miedo a las terribles, siniestras y horrendas aguas del río. ¡Es muy valiente! Y muy gruñón…


Imagen: Grey Persian Cat por Funny Cats Pictures

Maurick Starkvind

Aprendiz de escritor desde siempre, rolero empedernido desde los trece y nintendero desde los cinco. Empecé en esto de la creatividad porque no había dinero para los salones recreativos.

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