Transhumanismo Estrellas Errantes

Transhumanismo para Estrellas Errantes

Desde que la humanidad se lanzó a la conquista de las estrellas, la inquietud por ampliar la corta vida de la especie humana ha ido in crescendo a medida que nuevos seres alienígenas tomaban contacto. El descubrimiento del opsio avanzó la tecnología en varios milenios, pero lograr digitalizar la conciencia de un ser humano y transferirla a un cuerpo distinto o uno artificial fue el mayor logro de la humanidad.

Sin embargo, la tecnología necesaria para llevar a cabo semejante proeza es muy cara, y los cirujanos que se atreven a realizar una intervención completa son escasos. El siguiente texto añade reglas para añadir Implantes a Estrellas Errantes que permitan la transferencia de la conciencia de un personaje jugador a otros cuerpos o la Senso-red.

IMPORTANTE: Para que estas reglas funcionen adecuadamente es necesario llevar un control de las Copias de seguridad de cada personaje que utilice el servicio, apuntando la fecha y los Atributos actuales del PJ.

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El Grande

El Grande

La sala clínica de la Delegación estaba tranquila, con todas sus camillas vacías excepto una, ocupada por un adolescente de dieciséis o diecisiete años con el pelo rubio recogido en varias rastas. De piel morena y origen sudamericano, roncaba como una tormenta, rompiendo en pequeños pedazos aquel orgulloso silencio.

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De los Flamingos

De los Flamingos

La media luna brillaba con fuerza en el cielo, mientras los gritos de Colette de los Flamingos, Galliard de los Fianna, desgarraban el aire del Túmulo de Warden’s Saw, en Arizona, EEUU. Su amante, Ernestheim Harris, Ahroun de los Hijos de Gaia, atendía el parto en forma Crinos, al igual que ella. El otro compañero de la manada, Bob Apestoso, Ragabash de los Hijos de Gaia, vigilaba que nadie se acercase al lugar. Colette y Ernest habían violado la Letanía y el parto de su hijo incestuoso debía guardarse en secreto. Aunque ellos dos eran Hijos de Gaia, el resto de la Delegación Oeste no iba a consentir que los amantes se quedasen sin castigo. Colette suspiró de nuevo, gruñendo en su forma de lobo-hombre, desgarrando la tierra con cada contracción y empujón. Ernest había purificado la zona con un ritual de tranquilidad, para que su amada Colette sufriese lo menos posible al dar a luz al cachorro Metis.

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El lloro de Barbarella

El lloro de Barbarella

9 de junio de 2118

Desde la mierda que pasé en el Parque de Atracciones con los zumbados de Amstrad Red, he intentado volver a las calles a ser el viejo Byron de siempre. Sin embargo, Ciudad Capital huele a rancio, hiede a problemas que no son de los existenciales, pero cuando uno curra de lo que curro yo, transmitir calma enfría y mantiene amistades.

La información es una pieza jugosa, un zumo que ha de probarse poco a poco sin atragantarse; los suburbios están bullentes de miedo, y nadie se atreve a pronunciar una palabra. La caída de la Troupé de los Payasos ha agitado demasiados avisperos, resintiendo el negocio; menos mal que conozco un par de comunas dónde una buena lata de Smash es recibida con miradas perdidas y bocas babeantes.

Siento algo en mi interior, y no es un buen rabo erecto, que no me deja dormir. Por la mañana vomito nada más que baba y gargajos blanquecinos: duermo solo. Quizás demasiado.

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Podredumbre del Orgullo Ragabash

Podredumbre del orgullo II

El encierro de la banshee

Lee la primera parte de la historia.

Jack recordó cómo entró en Estados Unidos al mismo tiempo que cruzaba el umbral de la habitación donde se encontraba el cuerpo de Varick. Allí, en el claustrofóbico metro de los Ángeles, el cuerpo de su camarada yacía encerrado en una barrera espiritual. Al igual que su mente en sus primeras horas en Norteamérica.

Obligado a asumir su forma humana casi continuamente, Diente Pútrido adoptó el nombre de Jack Tanner para el gobierno estadounidense. Él y Varick se trasladaron a un barrio peligroso de los Ángeles, donde su compañero Parentela encontró trabajo de mecánico.

Jack, que nunca había aprendido a integrarse en la sociedad humana, pasaba sus días viviendo como un perro callejero, alimentándose de porquería y durmiendo a salvo en la casa de su colega. Varick desconocía si existían Garous que custodiasen las zonas, así que regresaba por las noches con miedo a que Jack hubiese sido asesinado por hombres lobo o algo peor.

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