Propositos 2019

Propósitos para 2019

Cuando comenzamos El Naufragio, el objetivo era bien sencillo: publicar, cada cierto tiempo, relatos e historias cortas relacionadas con las partidas de rol que habíamos jugado. Un esfuerzo creativo para darle coherencia y ampliar esos universos ficticios que se habían formado en nuestras mentes, además de ejercitar la rutina al «obligarnos» a tener una publicación preparada cada viernes.

Han pasado tres años desde que la bitácora arrancó y su aspecto actual dista mucho de aquel blog austero. Nos hemos envuelto en distintos proyectos roleros y, aunque hemos dejado de lado la faceta RPG Maker que queríamos tener en un principio, hemos crecido. ¡Incluso hemos conseguido más de 200 seguidores en Twitter! ¡Wow!

Para una página modesta como nosotros esto ya es un logro impresionante, así que no nos va a sentar mal hablar de nuestros objetivos para el 2019. Veremos si en enero de 2020 hemos cumplido alguno.

Después del atracón de Clases de personaje para Dungeon Hack y Estrellas Errantes que hemos tenido a final/principio de año, en El Naufragio tenemos más proyectos en mente para este 2019.

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El marinero

Dura es la vida del marinero, alejado de su familia durante tanto tiempo para regresar durante un instantes con las duras ganancias conseguidas a golpe de mar.

Dura es la pérdida, al convertirte en la ceniza del recuerdo en el momento que dejas este reino para pasar a otro, quizás mejor.

Dura es la despedia, pues asfixia querer pronunciar palabras que nunca dichas, que no encontraron la situación para asentarse, para ser formadas.

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Los tiempos han cambiado

Los tiempos han cambiado

Los inicios de El Naufragio fueron erráticos y desordenados. Quería crear algo mío, dejar una marca en el vasto Internet que, de algún modo, me recordase. Ya lo intenté con Heaven’s Gate y Ad Infinitum, pero esos proyectos surgían de mi colaboración con otras personas que estaban involucradas, en mayor o menor medida. Pero El Naufragio tenía que ser algo propio, de Maverick Highwind. Con el tiempo renuncié a esa identidad y la transmuté en el Maurick Starkvind de ahora, a la vez que dejaba de ser tan hater y abría mi mente a nuevos conceptos, juegos e ideas. Sin la ayuda de Amy, esto no hubiese podido ser posible; pero, ruego al lector me permita bogar un rato por el pasado.

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Náufragos

Náufragos en el mar

Náufragos comenzamos nuestro camino. Desprevenidos en mitad del océano la oscuridad de la noche ocultó las nubes, que como implacables guerreros nos atacaron fieramente. Lluvia, rayos, y olas parecían haberse unido contra un enemigo común. Golpeaban una y otra vez el casco de nuestro navío sin descanso y no pararían hasta vernos en el fondo del mar. Una tempestad que bien podría haber sido desatada por el propio Ariel acatando el edicto de su amo Próspero. Antes de que comenzara a hundirse me lancé al agua. Luchando por mantenerme a flote nadé hasta que pude llegar a un tablón. Tuve suerte, no fui la única que también pudo agarrarse a él. No sé cuánto tiempo pudimos estar aferrados a ese tablón, ¿horas, días…? La luz del día no trajo la calma pero algo teníamos claro, permaneceríamos juntos sin importar la tempestad.

Finalmente a modo de tregua la marea nos llevó a una isla. Sin adentrarnos demasiado establecimos nuestra pequeña base entre las primeras líneas de palmeras. Aún llovía, pero a lo lejos se podían ver pequeños claros luchando entre las nubes. Durante días la marea trajo restos del navío pero era mejor usar los materiales que esa isla nos ofrecía: una vida nueva empezando desde cero, sin restos del pasado. Él bautizó a nuestro nuevo hogar con el nombre de Borregheim. Me gusta mucho ese nombre. Inmejorable compañía, nuestro pequeño paraíso… ahora queda comenzar nuestro camino como náufragos.


Imagen: Miranda in The Tempest por John William Waterhouse.