De los Flamingos

De los Flamingos

Relatos de Heaven’s Gate

La media luna brillaba con fuerza en el cielo, mientras los gritos de Colette de los Flamingos, Galliard de los Fianna, desgarraban el aire del Túmulo de Warden’s Saw, en Arizona, EEUU. Su amante, Ernestheim Harris, Ahroun de los Hijos de Gaia, atendía el parto en forma Crinos, al igual que ella. El otro compañero de la manada, Bob Apestoso, Ragabash de los Hijos de Gaia, vigilaba que nadie se acercase al lugar. Colette y Ernest habían violado la Letanía y el parto de su hijo incestuoso debía guardarse en secreto. Aunque ellos dos eran Hijos de Gaia, el resto de la Delegación Oeste no iba a consentir que los amantes se quedasen sin castigo. Colette suspiró de nuevo, gruñendo en su forma de lobo-hombre, desgarrando la tierra con cada contracción y empujón. Ernest había purificado la zona con un ritual de tranquilidad, para que su amada Colette sufriese lo menos posible al dar a luz al cachorro Metis.

El parto fue más largo de lo esperado y fueron descubiertos por la manada de Parice Schreiter. La Philodox francoalemana observó con pena a los tres Garou, que protegían de manera humillante el cachorro deforme y sin pelaje. Con un rápido movimiento de mano, dos de los compañeros de Parice apresaron a Bob Apestoso y a Ernestheim. El padre de la criatura no dejaba de gritar y suplicar piedad para su amante y su hijo; la mirada de la Philodox se torció en una sombra de pena cuando observó que Colette había muerto debido al agotamiento. Parice se giró y pidió una manta a sus aliados; una vez que la tuvo, recogió al bebé deforme que no paraba de llorar e intentó calmarlo. Cuando Bob Apestoso y Ernestheim Harris vieron el destino de Colette, se quedaron en silencio y no volvieron a hablar hasta el día del Consejo.

Los días pasaron grises, llorando la pérdida de una de las mejores Galliard que la Justicia Metálica había tenido. De origen irlandés, Colette de los Flamingos había relatado con belleza las hazañas del clan en los Consejos, representando elocuentemente con sus Dones Fianna las batallas, negociaciones y derrotas. Enseñaba a los cachorros las leyes Garou y la historia del clan. Atendía el combate con la fiereza digna de un Fianna, pero se dejó llevar por sus sentimientos y acabó acostándose con un Hijo de Gaia, dando a luz el hijo maldito que la asesinó. En el Consejo, liderado por el Rey Andrey Ross, todo el honor y la gloria de Colette fueron reducidos a insultos y humillaciones. Su bastardo había nacido sin pelaje y su piel segregaba una sustancia repugnante de color amarillo; bastaba eso para querer eliminarlo sin pensárselo más, pero la decisión del Rey Andrey y sus consejos fue cambiada gracias a la habilidad de palabra de Parice, que alegó por la vida del chiquillo y la utilidad que tendría en el futuro. A regañadientes, el Rey Andrey aceptó las peticiones de la Moradora del Cristal, pero se mostró férreo e insensible con el destino de Ernestheim.

Ordenó a uno de sus Ahroun predilectos, el exsoldado Jonathan Stevenson, que cogiese su Gran Klaive y decapitase al transgresor. Esta decisión alarmó a toda la Delegación: todos sabían que el viejo Colmillo Plateado estaba sufriendo los picotazos del envejecimiento, pero que no pudiese blandir su propia espada era motivo más que suficiente para preocuparse. Sin embargo, esto carecía de importancia para Ernest, que asumió su sentencia sin presentar resistencia. Jonathan cogió el arma ritual, admirando sus grabados y la artesanía de esta, y acompañó a Ernest hasta la piedra tallada donde antaño se realizaban las ejecuciones de traidores. Cuando el frío tacto de la piedra acarició la barbilla de Ernest, dejó que los recuerdos de Colette inundasen su mente.


Era un día de verano, el calor se le pegaba por toda la ropa y el sudor corría lentamente por su espalda. Ernest estaba esperando que la Delegación le enviase ayuda hasta Río de Janeiro, donde iba a poner fin a una pequeña fábrica ilegal de Pentex. La operación no duraría mucho, pero necesitaba a otra persona para conducir en la huída. A Ernest le parecía bastante divertido, pues sería la primera vez que no destruyese todo el lugar con sus garras, matando a todo el enemigo de Gaia que se encontrase por el camino. Mientras estaba absorto en sus pensamientos, alguien le dio un empujón, haciendo que se estrellase contra la pared. Sorprendido, soltó un improperio y giró su cabeza hasta el agresor.

—Para ser un agente especial del Departamento de Asalto y Defensa, no estás muy despierto —una joven que debía estar en la veintena, de abundante pelo castaño rojizo, vestida con un sombrero de cuero claro, pantalones cortos y un chaleco apretado estaba frente a él. Era un poco más baja que él, pero quizás con tacones le superaría en altura. Ernest parpadeó—. Soy Colette Carthaigh, de Enseñanza y Adiestramiento. Parece que voy a ser tu chófer mientras pones bombas y matas a un montón de malos, ¿sí? —se acercó al sorprendido Ahroun y le plantó un inocente beso en la mejilla— Te prometo que escribiré una canción cojonuda sobre ti. Con tambores y sintetizadores. ¿Sabes que los sintetizadores se llevan mucho ahora?

Ernest analizó la situación detenidamente mientras intentaba apartar la vista del pomposo escote de la chica que estaba delante de él. Cuando se centró y su ira dejó de fluir a cien por sus venas, pudo articular palabra.

—¿Tú eres el refuerzo que me envían desde L.A.? Ejem… —carraspeó y pensó una manera no violenta de terminar la siguiente parte de su frase. No pudo— Me cago en la hostia, pido a alguien cualificado y me mandan a una mocosa irlandesa que se cree que está de safari. ¿Es una broma, no?

—¿Cómo? Tú eres gilipollas, Harris. Soy una Fostern de los Fianna. ¡Galliard! Puedo hacer perfectamente lo que me has pedido.

—Joder… bueno, es igual. ¿Sabes conducir, no?

—Igual o mejor que tú, creído.

—¡La hostia! Llevémonos bien, ¿de acuerdo? Siéntate en la mesa e intenta no hablar a gritos, los bastardos no nos esperan, pero tampoco me fío demasiado.

—Está bien, aunque deberías quitar tus ojos de mis tetas.

El Ahroun lanzó una mirada de odio a los ojos de la chica. Ella se rió de manera inocente.

La operación salió a pedir de boca y la fábrica detuvo su producción de armamento ilegal. En el viaje de vuelta, los dos compañeros limaron sus diferencias y empezaron a llevarse mejor. Debido a esto, formaron una manada con un viejo amigo de Ernest, Robert Andrews, un alcohólico y adicto al juego que tenía una habilidad increíble con los ordenadores. Se pusieron el nombre de Sabuesos Vetustos, en un juego de palabras realmente ingenioso de Colette. En una de las misiones más exitosas que tuvieron, la joven Galliard se ganó el título “de los Flamingos” por defender sin ninguna baja a un grupo de indígenas que estaban siendo acosados por una guerrilla subvencionada por una filial de Pentex. Colette utilizó armas ocultas en los flamencos de la zona para neutralizar a varios de los guerrilleros.

Los años pasaron y entre Ernest y Colette comenzó a crecer algo más que amistad. Siempre que podían, se reunían a solas para perderse entre besos y caricias. Cuando el Incidente Sunderland ocurrió, se comenzó a prohibir en el clan cualquier tipo de cambiante que no fuese Garou. Los Hijos de Gaia se opusieron ante tal decisión, queriendo evitar una nueva Guerra de la Rabia, pero ellos también fueron expulsados poco a poco. Ernest temía por su futuro en el clan, así que empezó a planear abandonarlo y unirse a otro más permisivo. Una noche vieron cómo dos compañeros de los Hijos de Gaia atacaron parte del Túmulo en un intento de revuelta, pero fueron asesinados limpiamente por miembros del Departamento de Apoyo Encubierto. Temiendo por su seguridad, Ernest discutió con Colette para abandonar los Estados Unidos inmediatamente, pero ella seguía reacia a dejar el clan que la rescató.

Entre discusiones y gritos, los dos amantes se dieron cuenta de que cada uno tenía sus razones. Y Colette propuso que creasen una que uniese a los dos. Ernest dudó mucho, pero los encantos de su Galliard fueron más que suficientes para caer. Una noche de diciembre, a mediados de mes y lloviendo, aquellos dos Garou se escondieron bajo las sábanas de una cama furtiva. Aunque no habían llegado tan lejos, Colette gimió de gozo cuando la polla de su compañero, amigo y amante atravesó su coño hasta el final. En una danza de morbosa satisfacción, una de las Leyes de la Letanía fue violada, aunque ninguno de los dos se sintió culpable.


—Ernestheim Harris, Ahroun de los Hijos de Gaia y líder de los Sabuesos Vetustos, has quebrantado una de las Leyes de nuestra Letanía. Has ofendido a nuestra madre por tus pecados y ella te ha dado un hijo deforme. Que sea el acero de la plata quien te juzgue y que tus antepasados te guíen por el reino de los espíritus.

La voz de Jonathan era tan monótona como las máquinas de su tribu, los Moradores del Cristal. De un certero tajo, separó la cabeza del Hijo de Gaia, cayendo abruptamente sobre el suelo y manchando de sangre la piedra ritual. El cuerpo se estremeció, desplomándose hacia atrás entre espasmos. Los excrementos inundaron los pantalones del cadáver y un olor repugnante empezó a emanar. Jonathan miró al ejecutado con pena y se retiró a entregar el Gran Klaive al Rey Andrey. Los cachorros de la Delegación tuvieron que limpiar el lugar y poner digno al difunto Ernestheim Harris. Fue enterrado junto con su amante en una tumba del cementerio Garou de Los Ángeles, después de que Bob Apestoso y Parice evitasen que fuesen arrojados a una fosa común. El retoño de aquella relación incestuosa fue criado por Roehuesos, ya que todos los Hijos de Gaia fueron forzados a la conversión o expulsados del clan. Bob Apestoso estuvo visitando durante un tiempo al pequeño Michael, pero aquellas visitas cesaron cuando un Danzante de la Espiral Negra arrancó la columna del ahora Roehuesos y se bebió su cerebelo.

Con el tiempo, Michael Harris aprendió de la transgresión de sus padres. Como el nacimiento le había oprimido el cráneo, el Metis no era demasiado inteligente y no le dio nada de importancia. Tomado por retrasado por la mayoría de su Delegación, Mike pasó a formar parte de la manada de las Costras y sólo se interesó en cumplir órdenes, olvidando el legado de sus padres. Incluso cuando el Rey Andrey relegó de su puesto y Parice Schreiter fue nombrada líder de la Delegación, Mike ni siquiera notó la diferencia. Por supuesto, tampoco intercambió palabras con la que, probablemente, fuese su salvadora.

A pesar de todo, el recuerdo de la historia de Ernestheim y Colette impregnó la mente de Mike cuando éste estaba siendo brutalmente golpeado por los Camada de Fenris que entraron en su hogar sin permiso. Cuando el jefe de ellos ordenó quemar vivo a Mike, suplicó por su vida como hizo Bob Apestoso con Ernest. El Camada de Fenris no tuvo la decencia de degollar al Metis antes de empalarlo y prenderle fuego.


Imagen: The Book of Gray (Poster 4) por BradyGoldsmith en Deviantart.

Maurick Starkvind

Aprendiz de escritor desde siempre, rolero empedernido desde los trece y nintendero desde los cinco. Empecé en esto de la creatividad porque no había dinero para los salones recreativos.

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