El Grande

El Grande

Relatos de Heaven’s Gate

La sala clínica de la Delegación estaba tranquila, con todas sus camillas vacías excepto una, ocupada por un adolescente de dieciséis o diecisiete años con el pelo rubio recogido en varias rastas. De piel morena y origen sudamericano, roncaba como una tormenta, rompiendo en pequeños pedazos aquel orgulloso silencio.

Verónica Rogers entró en la sala, acompañada de la Theurge Sophie Kult, llevando un pequeño paquete lleno de frascos de Suero del Despertar. Colocó con cuidado las probetas en una bandeja con ruedas mientras Sophie sacaba informes de la carpeta que estaba a los pies de la cama. Las dos amigas intercambiaron miradas de preocupación; la Galliard preparó una primera inyección, destinada a despertar al bello durmiente que dormía como si no hubiese más preocupaciones en el mundo. Sophie se preparó por si el nuevo cachorro decidía ser violento.

—Este va a ser nuestro compañero de manada, Soph —la voz de Verónica casi pasaba imperceptible bajo los ronquidos—. Tan sólo espero… que no sea idiota.

—Teniendo en cuenta lo mucho que le importa haber desgarrado a toda una comunidad hippie por haber sido apartado de una orgía… —la científica agitó la cabeza en gesto de negación— Esto va a ser divertido.

Verónica se colocó cerca del joven y puso el brazo de éste en posición. La aguja penetró la piel con facilidad, vaciando su contenido dentro de la corriente sanguínea; pasaron unos segundos antes de que el suero hiciese efecto despertando por completo al hippie durmiente.

Casi sin tiempo a reaccionar, Sophie asumió su forma Glabro y cogió al chaval por las piernas y lo tiró al centro de la sala; el tipo despertó y comenzó a flipar en colores mientras Verónica activaba la campana de protección. Una vez el botón correspondiente estuvo pulsado, un cilindro de cristal blindado emergió del suelo, encerrando al hippie dentro de él; éste empezó a gritar como un poseso, haciendo hasta daño con sus chillidos. El efecto de suero fue rápido y cayó de nuevo inconsciente, cambiando de forma consecutivamente y decorando el suelo, el cilindro y su cuerpo de vómito mezclado con sangre. Sophie se llevó las manos a la cara y soltó un bufido de desprecio.

Las formas Garou se sucedieron unas detrás de otras y el chaval regresó a su forma humana. Las dos mujeres le estuvieron mirando mientras varios chorros de agua limpiaban el interior del cilindro y al sucio cachorro con ello. Cuando acabó la ducha y la campana de protección volvió a bajar, Verónica se acercó maternalmente al nuevo cachorro y le ayudó a incorporarse; tenía la polla dura como una estaca y la respiración entrecortada. Sophie empezó a reírse.

—Ahora eres un guerrero de Gaia, Ricardo —hizo una pausa, ofreciéndole algo para taparse. A Ricardo no le importó que dos mujeres le viesen enrabado—. Yo soy Verónica Rogers y ella es Sophie Kult. Somos tus compañeras de manada.

—¡PERO SI SOY UN HOMBRE LOBO! ¡LA PUTA MADRE! —interrumpió el cachorro, agarrándose el pene y girándolo como si fuese la hélice de un helicóptero; no era tan grande para que quedase bien— ¿¡Y SI ME CONVIERTO EN UN BESTIAJO GIGANTE DE LA HOSTIA, LA TENDRÉ MÁS GORDA Y GRANDE!?

—Sí… prfff… —Sophie no podía aguantarse la risa— Serás “El Grande”, por supuesto. —las carcajadas de la Theurge empezaron a brotar y no podía parar. Verónica mostraba claros signos de enfado.

—¿¡SABÉIS QUÉ!? ¡¡EL GRANDEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEE!! —el idiota aullaba en forma humana mientras hacía poses de hombre lobo hollywoodense.

La Galliard abandonó la estancia bastante enfadada. Sophie salió detrás de ella, pero no podía recobrar la compostura y continuaba descojonándose mientras caminaba por los pasillos de la Delegación. El Grande siguió haciendo el helicóptero con su polla en forma Crinos.


Imagen: Shock and Awe, por Christina Yen en ArtStaton.com

Maurick Starkvind

Aprendiz de escritor desde siempre, rolero empedernido desde los trece y nintendero desde los cinco. Empecé en esto de la creatividad porque no había dinero para los salones recreativos.

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