Cadenas en el lago

Cadenas en el lago

¿Sabes qué se siente cuando te proponen un plan de mierda y sabes que va a hacer aguas desde el primer momento? Pues así no nos sentíamos mientras el enano deforme nos rodeaba de cadenas oxidadas y amordazaba a las chicas.

Iba a ser un fin de semana divertido, una escapada para olvidarnos de las presiones de la gran ciudad e íbamos a disfrutar de un ambiente natural, puro y lleno de animalitos. Las risas que resonaban en mi cabeza al recordar esas palabras eran tan ruidosas como aquel pequeño monstruito que arrastraba casi sin esfuerzo una cadena de metal oxidado. Una vez que estuvimos bien inmovilizados y los chillidos femeninos fueron silenciados por unos trozos de tela asquerosos, aquel personaje salido de alguna película snuff se subió a un pedestal hecho con cajas de cerveza y empezó a gritar como un poseído. Nos retorcimos de pánico al ver aquel espectáculo dantesco.
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Leylak y Taleb

Susurros de palacio

Silencio. El silencio era lo único que hacía mantener la cordura a Issobell. Su silencio era ensordecedor y sus ojos estaban vacíos de su alegría peculiar. Dukhim se había convertido en su sombra desde su regreso y todos estaban de acuerdo con ello. No fue culpa de nadie, pero la muerte de Derrick volvía una y otra vez a la mente de Leylak como un jarro de agua helada en mitad de una fría noche. Se culpaba porque les había fallado como líder, ya que se suponía que ella debía protegerlos a todos; y se culpaba por lo que estaba sintiendo. En la sociedad semiorca no había espacio para los sentimientos, estos no te permitían ganar una batalla; el valor y el coraje es lo que te salvaba de la muerte y te daba la victoria sobre tu enemigo.

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Malas tripas

Malas tripas

El blanco de las paredes me hacía daño en los ojos: era incómodo de mirar y la iluminación del pasillo lo hacía aún peor. No me importaba la fila de puertas que se extendía a lo largo de la estancia. Notaba como el sudor gélido recorría mi frente y mi mejilla. Los retortijones me hacían sentir una enorme presión en el vientre. Mi interlocutor no parecía preocupado por mi malestar y con cada palabra alcanzaba un tono superior al anterior; estaba muy exaltado. Su traje, caro y de marca, se arrugaba con cada aspaviento y pequeños gargajos de saliva salían disparados de su boca para aterrizar contra las inmaculadas paredes del pasillo. Su acompañante, igual de bien vestido, tenía más paciencia, aunque se le veía igual de preocupado. El dolor de estómago crecía, como si un animal pequeño se retorciese en mis entrañas. Sólo quería que ese tipo se callase y me dejase ir a un baño. Él sólo quería saber dónde estaban sus colegas.

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Selina

Selina

Selina tiene nombre de centinela, de acechadora. Me inquieta cuando la veo caminar con aires de superioridad por las pasarelas superiores de la aldea. No le gusta jugar con nosotros y se toma la vida demasiado en serio. No me extraña, se ha esforzado mucho en ganarse la posición que ocupa. Selina es una de las guardianas de la comunidad y es su responsabilidad asegurarse de que ningún intruso amenaza nuestra seguridad. Fue la primera en darse cuenta de la llegada de Sheol y la primera en proponer degollarlo. ¡Menos mal que yo estaba por ahí!

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