Stala Saymang

Orígenes

En sus últimos días, la República de Benarja se había convertido en un país lleno de hambre, miseria y muerte. Sus habitantes habían empezado un éxodo hacia los reinos humanos más cercanos. Malasthar era uno de ellos y como su vecina Artrexa, ofreció hospitalidad a aquellos que habían perdido su hogar en la caída de Benarja. Stala no recordaba mucho de su infancia, pero su abuela relataba historias de la grandeza de la República antes de que hombres malos la llevasen a la ruina. Su país fue una de las cunas del conocimiento arcano en la tierra de Esseria y sus rituales fueron adaptados por el resto de arcanistas del continente. Sin embargo, los niños de la aldea donde vivía Stala se encargaron de demostrar a la joven que los cuentos de su abuela eran mentira.

A pesar de todo, su madre fue una estudiosa de las artes arcanas; los benarjíes desarrollaron técnicas rituales para controlar el poder de la magia a través de los pulsos energéticos de la propia tierra. Esta práctica la denominaron geomancia y rivalizaba en efectividad con los conjuros y hechizos tradicionales. No obstante, el uso de la geomancia requería un enorme esfuerzo y entrenamiento por parte del practicante. El rápido abandono por parte de las nuevas generaciones de la República diezmó el poder del país, relegado a importar conocimientos arcanos de otros más poderosos. La madre de Stala era una de las últimas geománticas de Esseria. Con el fin de mantener viva la disciplina, los refugiados benarjíes que aún conservaban las enseñanzas de la geomancia ofrecían sus habilidades a sus nuevos vecinos. Surgían aprendices por doquier.

Las largas y aburridas charlas de su madre no atraían a Stala. Prefería pasar el tiempo con juegos, riñas y exploraciones prohibidas en los bosques cercanos. Un día, al regresar de sus gamberradas, se encontró con unos peregrinos de la Orden Bendita de Xelastris en el pueblo. Los habitantes de Benarja no adoraban a un único dios, si no que ofrecían sus plegarias a todo el panteón; la idea de centrar los rezos en una sola deidad era algo extraño para ellos. La Orden recibió noticias sobre la benarjí que vivía en la aldea y que conservaba la sabiduría de la geomancia. Viajaron hasta la madre de Stala para reclutarla. No se lo pensó tras escuchar la generosa oferta del clérigo; en menos de unas horas, Stala y su madre se encontraban de camino hacia Beslitz, dónde comenzaría su vida como aprendiz geomántica, a pesar de sus negativas.

Años después, tras haber cumplido la mayoría de edad Stala y su madre ya en el retiro, recordó las palabras de su abuela. La República de Benarja desapareció y sus tierras se encontraban abandonadas y privadas de vida; eran pasto de bestias salvajes y sucios goblinoides. Había perfeccionado el arte de la geomancia y a través de su madre y sus propias habilidades, lo último que le quedaba de su país natal se mantenía con vida. Lo aprendió a regañadientes, pero ahora sentía un calor amable en el interior de su alma. Llegó a descubrir por qué Xelastris había aparecido en su vida. Habría de recuperar Benarja para la Orden Bendita y para su gente.

Misión

Stala recibió la llamada de uno de los aprendices de los Hermanos Campeones unos días tras haber sentido la revelación de Xelastris. La Orden Bendita requería su geomancia para una misión arriesgada. Junto a Pascal Porach, un campeón veterano y poco serio –según Stala– y una de las sacerdotisas más importantes de la fe, Lady Lorain Verris, habría de viajar hasta el Imperio de Artrexa y descubrir un secreto que habían guardado durante décadas.

Aunque la existencia del Mineral de Ekol no era novedad para ella, le extrañó que la Orden hubiese preparado tal operación. El resultado del cometido iba a marcar un antes y un después. Pero la finalidad no era discernir los motivos o dudar. Como geomántica de la fe, debía llevar a cabo las peticiones del clero. Sin embargo, el éxito de su misión le otorgaría la notoriedad necesaria para rescatar Benarja.

Creencias

Criada en una familia politeísta, la fe de Xelastris fue complicada de asumir por parte de Stala. Su madre se unió a la Orden para conservar los conocimientos de la geomancia e impartirlos a nuevos alumnos. Con el paso de los años, Stala se dejó llevar por sus compañeras de culto y aceptó al Hijo del Sol como su único señor. El día que completó su iniciación como geomántica, rezó durante horas a Xelastris como agradecimiento.

Como religiosa, Stala creía en la luz del alma de los humanos. Entre los rumores de la Orden, era conocida por ser ingenua y confiada. A pesar de las bromas y los malos ratos que sufrió por darle oportunidad incluso al rufián más mezquino, Stala no perdió la ilusión por la bondad.

Aspecto

Como sus ancestros benarjíes, Stala poseía una piel blanca, como la nieve, que tenía la mala costumbre de enrojecerse si pasaba mucho tiempo al sol. De complexión delgada, ojos oscuros y larga melena negra, Stala atraía las miradas de los varones malasthinos. Aunque su apariencia denotaba inocencia, la actitud vergonzosa e introvertida de Stala le permitía escapar de las interacciones sociales con facilidad.

Allá donde fuese, siempre llevaba un elaborado bastón decorado con un cristal azul procedente de Benarja. Esta herramienta facilitaba la canalización de las energías de la tierra. Stala no poseía entrenamiento de combate y jamás había tomado un arma. Prefería mantenerse alejada de los conflictos y emplear sus habilidades como geomántica para defenderse en las posibles batallas. Por ello, solía vestir simples túnicas con el símbolo de Xelastris.


Atributos

  • Físico 1 de 5
  • Social 2 de 5
  • Mental 4 de 5

Rasgos

  • Exiliada de la República de Benarja.
  • Una de las guardianas de la geomancia.
  • Su poder iguala a cualquier arcanista malasthino.
  • Tímida y reservada. Evita las interacciones sociales.
  • Ansía restablecer la gloria de su tierra.

Equipamiento

  • Báculo de geomancia.
  • Túnica de la Orden de Xelastris.
  • Ropa de abrigo.
  • Saquillo con componentes de conjuro.
  • Rollos de pergamino.

Imagen: Book of Deacon por Joseph R. Lallo.

Maurick Starkvind

Aprendiz de escritor desde siempre, rolero empedernido desde los trece y nintendero desde los cinco. Empecé en esto de la creatividad porque no había dinero para los salones recreativos.

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