¡Salta!

¡Salta!

Salta, corretea, aspira, vuelve a saltar y agazápate entre las sombras, como si de un ladrón de guante blanco fueses, oculto de miradas curiosas e imperturbables. Respira, nadie te ha visto llegar, coge lo que buscas y no te entretengas enredando en fibras tan arcaicas como los velos meditabundos, pues bien sabes que si comienzas a tejer, tarde te llega la hora, que el olvido es muy tentador y no estás ahí para revolcarte en tus recuerdos.

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La gran mentira de la civilización

La gran mentira de la civilización

Fíjate lo lejos que estás del público, subido en un estrado a punto de soltar un gran y emotivo discurso repleto de significado y reflexión. ¿O no es así? Traga saliva, cavila sobre lo que vas a decir, es importante. Toda esa gente que se ha reunido bajo las consignas de tu mensaje tiene que poder llevarse una pizca de tu presencia, algo que les identifique como parte del movimiento levantado por todo el país. Y ese pedazo metafórico de ti es una gran mentira como la que ha formado toda tu vida, empezando por unos cimientos repugnantes y borrosos, y finalizando en tu presentación, tan vacua como un agujero sin fondo en una explotación petrolífera.

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Un cuento lluvioso

Un cuento lluvioso

Hay algo especial en las resacas que le envía a momentos vergonzosos de su pasado, situaciones en las que uno desea ser absorbido por un agujero negro y perderse en una inmensidad desconocida, sin posibilidad alguna de regresar.

La boca está reseca y maloliente, sin duda por haberse bebido, la noche anterior, hasta el agua de los floreros, y el interior del cráneo retumba como los vaivenes de una montaña rusa. El tacto del colchón es duro e impersonal, y por la disposición de los muebles supone que no está en su casa. ¿Un hotel, quizá?

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Canción de huesos

Canción de huesos

El ruido de las calles era lo que más molestaba al pequeño Velemir mientras jugueteaba con sus muñecos de madera. Su padre entró sobresaltado en casa y empezó a gritar a toda la familia, «de nuevo interrumpe mi obra, qué irrespetuoso»; su madre se acercó corriendo y le cogió por la cintura. Toda su obra se desparramó por el suelo, quedando desordenada y sin armonía. Velemir ni siquiera se quejó, el propio silencio de su persona sería suficiente para expresar su descontento.

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Amanda Arriaz

Amanda Arriaz (Wind Wolf)

Orígenes

Vilipendiada desde su nacimiento por su condición de mestiza, Amanda tuvo que sobrevivir como pudo en las frías calles de la ciudad. Su madre, una humilde extranjera sin estudios ni ambiciones, hizo todo lo que estuvo en sus manos para mantener a su disfuncional familia; su padre, en cambio, alternaba entre la prisión, el centro de detención y los apestosos locales de los bajos fondos. Criminal desde sus inicios, no tardó en ver como su vida se apagaba tras una trifulca a pocos metros de su hogar; tras la tragedia, la familia Arriaz se vio acosada por delincuentes que aún tenían asuntos pendientes con el difunto. Un soleado día de verano, irrumpieron en su domicilio con violencia y se las llevaron al páramo desértico, al noroeste de Teapot Dome, para deshacerse de ellas. Amanda había hablado con la policía para pedir auxilio y sacar a su madre de la cruel maraña mafiosa en la que se había metido, pero la osadía de su hija le costó la vida a un agente novato, y el chivatazo no tardó en llegar a oídos peligrosos.

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