Vrymmir Borgenstâg

Vrymmir Borgernstâg

Aventureros de Ylat

Orígenes

Las tribus enanas de la Cordillera de la Ventisca adoraban a los Espíritus deíficos más severos y antiguos, como Bazjurm o Mulinith. A pesar de su escasa conexión con la Urdimbre, cada siglo nacía un individuo bendecido con el poder de la tormenta, un talentoso tejedor de la magia con la capacidad de manipular el rayo y la luz.

Cuando este impresionante ser aparecía en una tribu, los jefes le nombraban Portador de la Tormenta y se le asignaba la tarea de liderar en combate a los arcanistas, formando una tropa de élite conocida como los Caminatruenos. Pero Vrymmir fue la excepción; desde su accidentado nacimiento, que acabó con los cadáveres abrasados de su madre y la matrona, hasta la aniquilación de su aldea, la enloquecida mente de Vrymmir sólo le conducía por un único camino: el asesinato.

La sociedad enana de la Cordillera de la Ventisca decidió exiliarle lejos de su tierra natal, para que encontrase su muerte más allá de los picos nevados. Aunque él es consciente de que no lo ejecutaron porque no podían con su increíble poder.

Objetivos

Vrymmir es un tipo simple con necesidades sencillas: deambula de aquí para allá en busca de presas fáciles a las que electrocutar con sus poderes arcanos. Una vez que estén carbonizados, les arrebata sus posesiones y la comida, y sigue en busca de un sendero absurdo de destrucción.

El vínculo que posee con el rayo y Bazjurm es cuasi divino, pero Vrymmir es consciente de que no le debe pleitesía a nadie. El asesinato es una forma de entretenimiento más, aunque ha decidido –en contadas ocasiones y por necesidad imperiosa– trabajar en equipo con otras personas que no eran conscientes del peligro que supone.

Creencias

Ningún clero ha logrado despertar el interés de Vrymmir en los misterios religiosos. Vive el día a día como un bandido más, por lo que a él solo le importa seguir drenando la fuerza del rayo. Mientras Bazjurm continúe cabalgando entre las montañas, Vrymmir Borgernstâg seguirá cometiendo fechorías y arrebatando la vida a inocentes.

Aspecto

Un enano ceñudo, con la cabeza abrasada por el efecto de la electricidad y una larga barba irregular castaña con ciertas zonas clareadas. Sus ojos azules emanan odio y desprecio a la vez. No lleva demasiada ropa de abrigo ya que su particular condición le permite resistir temperaturas muy bajas, y sus orígenes barbáricos no le han dado especial interés por objetos de valor u otros cachivaches.

En el extraño caso de que le interese mantener una conversación con alguien, hablará con un tono grave, cavernoso, y profiriendo una risa macabra si no se expresa bien. En el día a día de Vrymmir, lo normal es que escuche los gritos de sus víctimas y sus propios alaridos desquiciados; sentir la electricidad recorrer su cuerpo cada vez que invoca sus poderes ha ido consumiendo su cordura poco a poco.

Atributos

Athkri

  • Físico: 7
  • Agilidad: 5
  • Mente: 5
  • Frialdad: 7
  • Intuición: 4
  • Presencia: 7

Dungeon Hack

  • Vrymmir Borgernstâg, Humanoide caótico de nivel 10
  • Moral 11, Absorción 3, Salud 42
  • Ataques: dos puños eléctricos (10) y descarga atronadora (18)
  • Puede lanzar conjuros como si fuese un mago de nivel 10.

Rasgos

  • Heredero de los Portadores de la Tormenta y traidor a la corona de Faustheim.
  • Habilidoso hechicero que emplea Conjuros de la Naturaleza.
  • Fue exiliado de su tierra natal y eso no le importa nada. Algún día volverá a vengarse.
  • Vagabundea por los caminos en busca de presas a las que arrebatar su comida y sus objetos de valor.
  • No conoce otra diversión que no sea la tortura o el asesinato. Poco a poco su mente se va quebrando más y más por lo inestable de sus poderes.

Equipamiento

  • Túnica de tela desgarrada
  • Collar de falanges carbonizadas
  • Saco de cuero con carne roída
  • Collar de falanges carbonizadas

Imagen: Dwarf priest por Mike «Daarken» Lim.

Maurick Starkvind

Aprendiz de escritor desde siempre, rolero empedernido desde los trece y nintendero desde los cinco. Empecé en esto de la creatividad porque no había dinero para los salones recreativos.

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