Valle de los Reyes

Valle de los Reyes

Mi casa se había convertido en un montón de cenizas humeantes antes de que hubiese preparado las maletas. Los servicios de emergencia, la policía y los enfermeros de la ambulancia correteaban de un lado para otro mientras formulaban las preguntas que habían de hacerse. Era su trabajo, después de todo. Me senté en la acera de enfrente para pensar en todo lo que había perdido y me di cuenta de que, en realidad, me daba igual; ni siquiera era mi hogar, sólo un estúpido piso alquilado a un precio tres veces superior al que debía ser. De pequeño me habían enseñado a viajar con poco equipaje, pues las mudanzas y el traslado iba a ser algo común en mi vida. Así acabé en aquel caserón destartalado en mitad de un cañón conocido como el Valle de los Reyes.

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Rony

“Nuestra sociedad se asienta sobre las raíces que Mushuki, la acechadora de las llanuras, nos dejó tras sumirse en su descanso eterno, en el corazón de este valle. Cuando la ceniza llenaba los pulmones de aquellos que caminaban sobre la tierra calcinada, ella viajó a través del carbón primordial para poner a salvo a sus cachorros hambrientos. Los amamantó bajo el acoso de bestias terribles, el azote de un clima inclemente y la escasez de alimento. Incluso en sus momentos de mayor debilidad, Mushuki nos protegió con su cuerpo famélico y sus ojos cansados y de sus garras surgieron las tierras más verdes y prósperas de la provincia. No podemos olvidar lo que ella hizo por nosotros, su progenie y debemos perseverar como protectores de su dádiva.”

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Shra, la araña.

Estancia de seda

Al entrar por la puerta Meltem se dirigió directamente a Leylak.

―He acompañado a su doncella Hessa como pedisteis, mi señora. Hemos ido bordeando la muralla, y salvo unos cuantos guardias y lumensolies, nadie ha notado que no erais vos. Si me dijesen que en realidad se tratase de un doppelgänger me lo creería más que el azar de la semejanza.

Se acercó más a Leylak y apretó con suavidad su brazo. Aunque a todos les hizo gracia su comentario, el rostro de Meltem estaba lleno de preocupación.

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Cuando me desvanezca

Cuando me desvanezca

Me despertaba con asiduidad con sudores fríos y con el corazón a punto de estallar, pero me encontraba con que ella dormía con total normalidad. Supuse que no estaba tan preocupada y que a mí me había tocado la peor parte. Las empresas de tés hacían su agosto conmigo cada noche. Con la cabeza de nuevo en la almohada, notaba el cosquilleo de la oscuridad en mi nuca, como si quisiese recordarme algo que había olvidado.

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