Laura Belmonte

Origen: Oviedo, Asturias, España
Especialidad: rol, ficción especulativa, terror, fantasía y cultura digital
Contacto: laura@naufragio.net

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¡Hola! Soy Laura Belmonte, aunque me puedes llamar «Auri». Nací —al menos según mi biografía— en Oviedo en 1988, en una familia bastante normal y en una infancia que tampoco daría para escribir una novela. Colegio, veranos que parecían durar una eternidad, tardes delante de la televisión, libros que acababan desperdigados por casa y alguna que otra obsesión que hoy seguramente llamaríamos fandom.

La adolescencia fue bastante menos tranquila. Salía mucho, quizá demasiado. Fiestas, bares, conciertos, gente que aparecía durante seis meses y luego desaparecía para siempre, madrugadas absurdamente largas y domingos dedicados a reconstruir qué demonios había ocurrido la noche anterior. Durante unos años estuve mucho más interesada en vivir historias que en escribirlas.

Pero entre todo aquello hubo dos cosas que nunca desaparecieron: el teatro y la literatura. Me fascinaba la idea de subir a un escenario y ver cómo una persona podía convertirse durante un rato en otra completamente distinta. Me gustaban Lorca, Valle-Inclán, Cela, Delibes y las historias en las que los personajes parecían esconder algo detrás de cada frase. También descubrí bastante pronto que me interesaban más las personas rotas, contradictorias o ligeramente miserables que los héroes perfectos.

Escribía cosas, aunque casi nunca las terminaba. Escenas de teatro, comienzos de relatos, diálogos sueltos, personajes que existían durante veinte páginas y después desaparecían en alguna carpeta. A los veinticinco años descubrí los juegos de rol y me parecieron maravillosos.

La idea de sentarse alrededor de una mesa e improvisar colectivamente una historia reunía casi todo lo que me había interesado hasta entonces: teatro, narrativa, personajes, azar y esa clase de caos que hace que una escena termine siendo completamente distinta de como alguien la había imaginado.

El problema fue encontrar con quién jugar. Pasé por varios intentos de grupo. Gente que quería jugar pero nunca encontraba fecha. Campañas que morían después de dos sesiones. Másteres que desaparecían. Jugadores que descubrían después de tres semanas que en realidad preferían hacer otra cosa los viernes.

Durante bastante tiempo mi relación con el rol consistió principalmente en leer manuales, imaginar personajes y pensar partidas que probablemente nunca iba a jugar.

Hasta que acabé en El Naufragio. Una conversación llevó a otra y después llegaron las discusiones sobre aventuras, sistemas, literatura, monstruos, ambientaciones y todas esas ideas que empiezan con un «se me ha ocurrido una tontería» y terminan necesitando un documento de cuarenta páginas.

Con el tiempo casi sin decidirlo formalmente, empecé a escribir aquí. Todavía tengo cierta debilidad por el teatro. Todavía empiezo demasiadas historias. Y sigo pensando que una de las mejores cosas que pueden ocurrirle a un argumento perfectamente planificado es que aparezcan cuatro jugadores y lo destrocen por completo.