Las Doce Reliquias de la Era de las Llamas

Las Doce Reliquias son armas y artefactos que pertenecen a un tiempo remoto, cuando la magia aún se comportaba como un incendio: hermosa, útil… y peligrosa. No son copias de ningún mito conocido, pero sí comparten ese sabor de «leyenda cerrada»: piezas únicas, codiciadas, y destinadas a volver a aparecer cuando el mundo ya casi había olvidado sus nombres.

Se sabe que muchos aventureros las han intentado recolectar, pero su ubicación ha sido un misterio desde hace siglos. Si por cualquier motivo, algún inconsciente se hace con uno de estos artefactos, tendrá que ser muy cuidadoso: no sólo es que son muy poderosos, si no que sus núcleos albergan una chispa de la magia auténtica, el poder que fluía por la tierra antes del surgimiento de Nastala.

La Misericordia

  • Tipo: Daga (arma)
  • Rareza: Legendaria

La Misericordia es una daga extraordinariamente sencilla. Su hoja es larga y estrecha, de un metal blanco mate que nunca refleja por completo a quien lo contempla. No presenta inscripciones, runas ni adornos. Su filo carece de mellas y conserva siempre una temperatura ligeramente inferior a la del cuerpo humano.

La empuñadura está revestida de cuero gris y termina en un pequeño pomo redondo de plata ennegrecida. No parece un arma ceremonial ni el tesoro de un monarca. Podría confundirse con el instrumento de un cirujano o con la herramienta de alguien acostumbrado a realizar un trabajo desagradable con rapidez y precisión.

Cuando la hoja atraviesa la carne no mana sangre inmediatamente. Durante unos segundos, la herida adquiere un tono pálido y queda completamente inmóvil: no cicatriza, no se cierra y no responde a ningún intento sobrenatural de repararla.

Quienes han sobrevivido a su filo aseguran haber experimentado algo todavía más inquietante: por un instante dejaron de sentir miedo a morir.

Leyenda

Durante la Era de las Llamas hubo criaturas a las que la magia había concedido algo que muchos mortales todavía consideraban una bendición: la imposibilidad de morir.

Algunas renacían después de ser destruidas. Otras reconstruían lentamente sus cuerpos. Hubo guerreros que continuaron caminando después de sufrir heridas imposibles y arcanistas cuyas almas regresaban una y otra vez a cadáveres recompuestos por fuerzas que nadie comprendía. Con el tiempo quedó claro que aquello no era un don, si no más bien una condena terrible. Una maldición clamarían algunos.

La tradición atribuye la creación de la Misericordia a una sanadora cuyo nombre desapareció de todos los registros. Durante décadas recorrió los territorios devastados por la guerra atendiendo a quienes todavía podían salvarse y acompañando durante sus últimos momentos a quienes no.

Hasta que encontró a alguien que no podía morir; los relatos no coinciden sobre quién era. Algunos hablan de un soldado abrasado por la magia de las Llamas; otros, de una niña cuyo cuerpo rejuvenecía cada vez que moría. Las versiones más antiguas ni siquiera describen a una persona, sino a una criatura que llevaba siglos suplicando a cuantos encontraba que acabasen con ella.

La sanadora lo intentó todo: veneno, fuego, decapitación, magia sagrada, pero ninguno surtía efecto. Esa persona siempre regresaba.

Entonces comprendió que no necesitaba un arma capaz de destruir el cuerpo, sino una capaz de convencer a la propia magia de que había llegado el momento de dejarlo marchar.

Durante años estudió los restos de criaturas que habían sobrevivido a la muerte. Fundió fragmentos de sus huesos, cenizas de cuerpos regenerados y metal recuperado de campos donde la magia había alterado las leyes naturales. Con aquel material fabricó una pequeña hoja blanca.

Cuando finalmente la hundió en el corazón del inmortal, no se encontró con un aullido de agonía, sin o con una sonrisa. Dicen que sus últimas palabras fueron: «Gracias, ahora soy libre».

Entonces, aquella sanadora llamó a la daga Misericordia y jamás volvió a utilizarla.

Desde entonces, el arma aparece recurrentemente en relatos sobre vampiros, muertos vivientes, seres malditos y criaturas incapaces de abandonar el mundo. Curiosamente, casi nunca figura en historias de asesinos.

La Misericordia parece encontrar con mayor facilidad a quienes necesitan matar que a quienes desean hacerlo.

Propiedades

Daño: d4 · Potencia: 2 · Penetración: 2 · Durabilidad: irrompible

Conserva la propiedad arrojadiza de una Daga normal y puede utilizarse como Foco de conjuros de Demonología y Nigromancia. Si es arrojada, volverá a las manos de su portador por arte de magia el próximo Turno; recuperarla es una Reacción.

Poderes especiales

La Misericordia no está especialmente interesada en causar daño. Su verdadero poder consiste en imponer mortalidad sobre aquello que ha conseguido escapar de ella.

  • Herida mortal: una criatura herida por la Misericordia no puede regenerar la Salud perdida por ese ataque mediante regeneración natural o sobrenatural hasta que complete un descanso prolongado. Los Conjuros y otros efectos curativos pueden recuperar otra Salud perdida, pero no aquella arrancada directamente por la daga.
  • Todos somos mortales: gastando 1 Punto de Esfuerzo antes de atacar, el portador puede hacer que la Misericordia ignore cualquier inmunidad al daño que posea el objetivo. Además, hasta el comienzo del siguiente Turno del portador, la criatura pierde cualquier capacidad que le permita regenerarse automáticamente después de alcanzar 0 de Salud.
  • Descanso eterno: si una criatura que normalmente regresaría de la muerte, reconstruiría su cuerpo o resucitaría mediante una capacidad propia se encuentra a 0 de Salud, el portador puede gastar 1 Punto de Esfuerzo y emplear una acción para clavar la Misericordia en su cuerpo. La criatura muere definitivamente y esa capacidad deja de funcionar. Este poder no impide que una intervención externa extraordinaria pueda devolverla posteriormente a la vida.
  • El último alivio: una criatura consciente e indefensa puede pedir voluntariamente al portador que termine con su existencia. Si el portador acepta y la Misericordia reconoce que la petición es sincera, puede gastar 1 Punto de Esfuerzo para acabar con su vida de manera inmediata e indolora, ignorando Salud, Blindaje, regeneración e inmunidades. Este poder nunca puede emplearse sobre una criatura que se resista.
  • No matarás por placer: si el portador utiliza deliberadamente la Misericordia para torturar, ejecutar por conveniencia o matar a una criatura indefensa que desea vivir, la hoja pierde inmediatamente todos sus Poderes especiales. Permanecerá convertida en una simple Daga irrompible hasta que su portador utilice el arma para conceder misericordia a alguien sin obtener beneficio alguno a cambio.

Imagen: realizada por una inteligencia artificial generativa.

Por Laura Belmonte

El rol para mí es una forma de expresar lo que el teatro, el cine y la literatura no pueden expresar.

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