Monumento Zarerranu

El monumento de Zarerranu

Las luces del atardecer se colaban entre las persianas del local de mala muerte en el que estaba Theodor Kampfmann, absorto en sus pensamientos mientras degustaba un grasiento plato de solomillo y patatas regentes. No prestó atención a los dos agentes de inteligencia que se dirigieron a la mesa dónde estaba sentado y no escuchó ni un ápice de lo que tenían que decirle. Lo que ocurrió en Zarerranu le había dejado sin habla y desde que pisó tierra, se dedicó a viajar sin rumbo por los estados más profundos de Norteamérica en busca de quien sabe qué. Le quedaban pocos billetes en la cartera y el ruidoso vehículo que había tomado de la base militar estaba a punto de dejarle tirado en mitad del desierto. Parpadeó durante un instante y se fijó en sus interlocutores al mismo tiempo que deglutía un jugoso pedazo de carne. Masticó y masticó hasta que tragó sin importarle hacer ruido. Después, se aclaró la garganta con un trago de cerveza insípida; ya sabía lo que querían.

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Excelsus 1

Mi vida en Y’Tum

A la luz de las cálidas lámparas de llama salamándrica –una increíble invención de mi primo segundo Malantus Forkley Warwickshire que ahorra hasta en un cincuenta por ciento el consumo de aceite– escribo estas palabras. Entre los ciudadanos de Y’Tum no está bien visto que un no-miembro del Colectivo de Escritores Cualificados practique una actividad exclusiva para ellos, pero este humilde servidor no puede conciliar el sueño y se ha quedado sin actividades de entretenimiento aprobadas por el Colectivo de Aprovechamiento del Tiempo de Ocio. Me he guardado unos cuantos papiros de savia condensada –uno de las geniales ideas de mi progenitor, Rigidus Hobbs Warwickshire, para extender la vida útil de los pocos árboles que quedan en Y’Tum– y me las he apañado para hacerme con tinta saturada de calamar flotante y con una pluma de rondador celeste.

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naeis_shadelgast

Naeis Shadelgast

Orígenes

La familia Shadelgast poseía varias ramas secundarias con el único fin de preservar la línea sucesoria de la realeza. Hermanos y primos del rey protegían su apellido y se aseguraban que la sangre de Shadel continuaba en el trono de Shadaleen. Este hecho era conocido por todos los habitantes del reino y no era extraño que, a lo largo de la historia, sufriesen atentados para diezmar la sucesión real. Debido a esto, uno de los supervivientes de la Masacre de los Kultstein formó lo que se conocía como el Legado de Shadel, una sociedad secreta formada por familiares de los monarcas Shadelgast con el objetivo de desarticular cualquier conspiración en contra de la corona o sus descendientes.

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Resaca entre barrotes

Resaca entre barrotes

Había sido otro día nefasto para las ganancias. La tripulación escuálida y mal alimentada de Mark Maxley no pudo siquiera asaltar un esquife de esclavos en fuga; a esos miserables les quedaba menos de un suspiro antes de caer víctimas del escorbuto, las infecciones y el hambre. Suspiró mientras el fuego de Kaeduin abrasaba la cubierta del barco y el sudor se deslizaba por su piel ennegrecida. Uno de sus esbirros se acercó al capitán afectado por un terrible tambaleo: los primeros compases de la locura galopante provocada por la falta de alimento e hidratación. Mark resopló con un gran esfuerzo y desenfundó el trabuco de mano. Estaban perdidos en mitad del océano al oeste de Shadaleen y sabía que no iban a ver un nuevo amanecer. La explosión del arma de fuego sorprendió a aquellos miserables mucho más que el estrépito que hizo el contramaestre al estrellarse contra la madera podrida de la embarcación. El capitán Maxley hizo un esfuerzo para ponerse en pie y gritó a sus subordinados que les iba a dar una muerte rápida para que no sufriesen más.

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Xelastris

Xelastris

Leyenda

Cuentan los cánticos monásticos que los cielos no siempre gozaron de la gama de colores del firmamento, si no que la oscuridad cubría la tierra con impunidad hasta que el Primer Amanecer desató una oleada de luz divina que cegó a las criaturas sombrías y marcó la llegada de Kaeduin al universo. La repentina presencia del Gran Sol permitió que los bosques creciesen, que los mares brillasen y que todos los habitantes de Ylat estuviesen a salvo de la oscuridad. Pero los abyectos esbirros de la maldad aprovechaban los momentos en los que la luz había dado paso a la noche para intentar recuperar lo que se les había arrebatado. Consternados por la indefensión que sufrían en la ausencia de la luz, los antiguos seguidores de Kaeduin rezaron durante cientos de días, cada mañana, para que la bondad luminosa también les protegiese al caer la noche.

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