Calles azules

Calles azules

El implacable sol de verano caía con fuerza sobre la ciudad de Alcantarilla aquel verano del ochenta y nueve mientras dos chavales, ignorantes de lo que les iba a deparar el futuro, corrían de un lado para otro enfrascados en juegos inocentes. El más pequeño de ellos se llamaba Pedro Bocartes y sus padres eran los heroinómanos más repugnantes de la urbe, pero él no dejaba que la miserable situación de su hogar le quitase la sonrisa. A su lado, se encontraba el pequeño de los Giménez de Luchamán, un rechoncho Teodoro que disfrutaba de una pizca de libertad lejos de los muros de la hacienda familiar. La cuidadora del joven, una cuarentona que respondía al nombre de Bernarda, observaba que el señorito no se magullase al mismo tiempo que intercambiaba cuchicheos y habladurías con las verduleras que frecuentaban el Parque de Luis Fernando IV. Se decía que Bernarda continuaba en su puesto porque compartía sábanas con el buen señor Giménez cuando la señora de Luchamán pasaba horas en la consulta del psicólogo, pero tales chismorreos nunca llegaban a oídos de la interesada. Los chavales, ajenos a los tejemanejes de los adultos, se esforzaban en meter un balón de plástico entre dos palos de madera mientras soñaban con ser futbolistas o presentadores de televisión.

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Nastala

Nastala

Leyenda

Los secretos de las artes arcanas han estado en manos de los mortales desde que el mundo era un erial ardiente. Los primeros conjuros que se pronunciaron en lengua arcaica tejieron maravillas, separaron las tierras y dieron forma a monstruosidades ignotas; sin embargo, la inmensa y caótica red de energía mística que servía como combustible a los primitivos hechizos y rituales comenzó a desgarrarse con cada abuso. Los espíritus poderosos que regían sobre ciertas regiones empezaron a preocuparse con las continuas catástrofes propiciadas por el uso descontrolado de la magia, pero no hacían nada salvo observar. Su naturaleza pasiva les impedía intervenir en los asuntos de los mortales a pesar de que la misma urdimbre que les daba vida se encontraba en peligro.

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Cocky

Cocky

Desde que tengo uso de razón, el viejo Cocky ha sido igual de viejo. De largo y espeso pelaje gris, cara achatada y voz grave y profunda, en seguida te exige que no le molestes. Pero, tras ese velo mezcla de hostilidad y ceños fruncidos, uno se da cuenta de que su dolor es tan profundo como el bosque más antiguo y primitivo. Su nombre evoca palabras olvidadas para los nuestros, pues fue bautizado cuando todavía no escribíamos. Cocky no ha aprendido a escribir, dice que con saber dónde ha de dormir y dónde ha de dejar la pesca, es suficiente.

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Truñotónico Finale

Fin de Truñotónico

Después de tanto tiempo, puedo sentarme tranquilo ante un proyecto finalizado. Quizá no era lo que buscaba, pero ahora me pongo a releer los primeros compases de la partida, esa Escena 01Otro día en las aulas y disfruto al saber que esos chavales del sureste de España van a conocer cómo acaba su historia. Esta entrada de la bitácora está dedicada a todos aquellos que dedicaron su tiempo, por escaso que fuese, a Truñotónico.

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Fundación Aproventel

La fundación de Aproventel

Fue una noche terrible para todos los que formaban el Equipo Colisión Inminente: el cielo había decidido descargar toda su furia en forma de abundantes lluvias , atronadores relámpagos y un grupo de mercenarios sedientos de dinero y repletos de Suero Crítico habían secuestrado al vicepresidente de los Estados Unidos, el republicano Jonathon Burbanks, para exigir un disparatado rescate. Joan Lamberd, la segunda al mando del equipo y médica de campo, había asumido el mando porque Theodor Kampfmann, el líder, había decidido pasar varios días de juerga en Haití. El malestar que las decisiones y la desidia del líder del ICT habían despertado en los altos mandos del ejército y de la NSA había alcanzado un punto preocupante, y los rumores sobre una reciente sustitución se extendían como la pólvora.

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