Stala Saymang

Stala Saymang

Orígenes

En sus últimos días, la República de Benarja se había convertido en un país lleno de hambre, miseria y muerte. Sus habitantes habían empezado un éxodo hacia los reinos humanos más cercanos. Malasthar era uno de ellos y como su vecina Artrexa, ofreció hospitalidad a aquellos que habían perdido su hogar en la caída de Benarja. Stala no recordaba mucho de su infancia, pero su abuela relataba historias de la grandeza de la República antes de que hombres malos la llevasen a la ruina. Su país fue una de las cunas del conocimiento arcano en la tierra de Esseria y sus rituales fueron adaptados por el resto de arcanistas del continente. Sin embargo, los niños de la aldea donde vivía Stala se encargaron de demostrar a la joven que los cuentos de su abuela eran mentira.

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Palacio de Meskhenet

Reina de arena

Una sala grande, al fondo un trono con una figura femenina sentada en él. Una voz que parece venir de todas partes pregunta el porqué de vuestra presencia en ese lugar. El cuerpo momificado comienza a levantarse y, según se aproxima, su rostro y cuerpo de apariencia marchita cambia hasta convertirse en una hermosa mujer. Sus movimientos lentos y torpes se tornan ahora gráciles y bellos. Mientras camina a vuestro alrededor habla de su reinado: era próspero y no tenía rival. Pero para ello tuvo que sacrificar mucho.

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Lorain Verris

Lorain Verris

Orígenes

Nació en el seno de una acaudalada familia malasthina. La primogénita de un poderoso terrateniente fiel a la Dinastía Coureille, su llegada al mundo supuso un duro golpe para el cabeza de familia, que esperaba con ilusión un heredero. Los primeros años como la única descendiente de los Verris fueron extremadamente duros para ella, pues su madre estaba demasiado ocupada en sus visitas a oráculos, charlatanes y sacerdotisas y su padre ni siquiera le dirigía la palabra. Una de los sirvientes de la casa se encargó de ser la figura que necesitaba para aprender. Para Lorain, la vieja Nyray fue su madre, su profesora y su amiga, y la que le motivó lo suficiente para querer unirse al clero de Xelastris. Cuando cumplió los diez inviernos, Lorain decidió marcharse de su hogar en dirección a la Catedral de Varlyna, el templo más importante del Reino de Malasthar, situado en la capital del mismo nombre. Sus progenitores no presentaron ninguna queja al viaje de su hija; Lorain nunca llegó a saber si era porque su vida no les importaba o porque su madre esperaba un segundo bebé.

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Náufragos

Náufragos en el mar

Náufragos comenzamos nuestro camino. Desprevenidos en mitad del océano la oscuridad de la noche ocultó las nubes, que como implacables guerreros nos atacaron fieramente. Lluvia, rayos, y olas parecían haberse unido contra un enemigo común. Golpeaban una y otra vez el casco de nuestro navío sin descanso y no pararían hasta vernos en el fondo del mar. Una tempestad que bien podría haber sido desatada por el propio Ariel acatando el edicto de su amo Próspero. Antes de que comenzara a hundirse me lancé al agua. Luchando por mantenerme a flote nadé hasta que pude llegar a un tablón. Tuve suerte, no fui la única que también pudo agarrarse a él. No sé cuánto tiempo pudimos estar aferrados a ese tablón, ¿horas, días…? La luz del día no trajo la calma pero algo teníamos claro, permaneceríamos juntos sin importar la tempestad.

Finalmente a modo de tregua la marea nos llevó a una isla. Sin adentrarnos demasiado establecimos nuestra pequeña base entre las primeras líneas de palmeras. Aún llovía, pero a lo lejos se podían ver pequeños claros luchando entre las nubes. Durante días la marea trajo restos del navío pero era mejor usar los materiales que esa isla nos ofrecía: una vida nueva empezando desde cero, sin restos del pasado. Él bautizó a nuestro nuevo hogar con el nombre de Borregheim. Me gusta mucho ese nombre. Inmejorable compañía, nuestro pequeño paraíso… ahora queda comenzar nuestro camino como náufragos.


Imagen: Miranda in The Tempest por John William Waterhouse.